lunes, 6 de septiembre de 2004

No nos salva ni Dios si no cambiamos

¿Pero qué hay que cambiar...? ¿Para qué cambiar nada si vivimos tan bien, en las maquilas nos trabajan barato y nosotros vamos en coches cada vez más caros? «-¿Te gusta conducir?»


A este mundo en que estamos no lo salva ni Dios, porque difícilmente hallaríamos en él diez hombres justos que se lo mereciesen. Justos o bien dispuestos a que las cosas fuesen realmente de otro modo. Porque ¿hay alguien que de verdad quiera que las cosas sean de otro modo? ¿O es simplemente que los que estamos abajo queremos subir a lo más alto?

Remover un poco el entorno para seguir andando por el mismo camino pero esta vez siendo nosotros quienes vayamos sentados en una silla gestatoria a espaldas de los de abajo, estilo Papa. ¿Es eso pues lo que queremos? Pues si es sólo eso, no merece la pena lucha alguna porque seremos otros perros «en los mismos collares» defendiendo la casa del mismo amo. Irak, Afganistán, África, América del Sur seguirán donde están. Y seguirá la injusticia, seguirá la miseria y seguirá también la irreflexión que las sustenta, y el mundo no cambiará ni tan sólo de lado... Y seguirán sufriendo quienes ahora sufren y padecen. Lo único que pasará es que nosotros nos habremos montado un poco más en el carro.

¿Va bien así? ¿No? ¿No es eso de verdad lo que queremos? ¿Qué es pues lo que queremos? ¿Alguien quiere saberlo? ¿O a lo más que se aspira es a seguir viviendo?

Por todo lo que veo, está muy claro que a lo más que aspiramos es «a que no haya olas, pero no a esforzarnos para dejar de estar hundidos en la mierda hasta el cuello». Lejos queda ya el tiempo en que pensar era lo primero. Ahora lo primero es gozar, pasarlo bien, sin nadie que zarandee la poltrona o la balsa de mierda donde estamos instalados. A todo aquel que diga o haga algo que perturbe la paz hay que defenestrarlo, porque crucificar ya no se estila. Y da igual la razón, cuando lo que nos mola es el inmovilismo y la falsa pelea que lo disimula.

De modo que aquí estamos, refocilándonos con la miseria hasta concederle carta de naturaleza a todo lo que oprime y esclaviza, y así perpetuarlo. Y ahí tenemos, para empezar, un sistema educativo profesionalizado y más o menos competente en la transmisión de las habilidades y saberes que designa el sistema, pero cada día más acrítico y más adaptado al pensamiento utilitarista imperante, menos comprometido con la Humanidad y más dispuesto a aceptar que estamos viviendo en el mejor mundo de todos los posibles. Y para continuar, unos sindicatos bien organizados para encauzar la lucha obrera por los senderos que marcan los de arriba, los que mandan a quienes nos gobiernan; unos sindicatos que nadie sabe bien qué objetivos persiguen ya que se limitan a discutir cuatro pesetas a cambio de someterse al poder y olvidar cada vez más a los pobres y oprimidos. Y para distraernos de todo eso ahí está el buen vivir, y ese Forum de les Cultures para la convivencia, y el Parlament de les Religions para la paz, y cada vez más variedad de circos y distracciones que sustituyan al antiguo rezo del Rosario para irnos calmando y anularnos la conciencia. Y en paralelo los cacharros, los refulgentes coches, el fútbol y esos shows televisivos sobre el tema del día, ya sea la política, las olimpiadas, una boda real o cualquier exitoso Gran Hermano.

Si cerramos los ojos posiblemente diremos: -Vivimos bien, no sé qué más queremos...? Claro que siempre se puede estar mejor pero... Mira, las maquilas aun nos quedan muy lejos y aquí tenemos unos precios más o menos baratos. «¿Te gusta conducir...?»  Bueno, si acaso que nos cambien al Bush ese que ha sido un zafio y nos ha removido la conciencia... Pero que no nos toquen nada más, no sea que la gasolina se nos ponga más cara. Y además que cambiar algo de verdad es un esfuerzo, y ya tenemos bastante con esforzarnos para salir adelante con el pago de todo lo que compramos. Sólo nos faltaría ahora tener que esforzarnos en pensar...!

Y tal vez sea ése el sentir común. Pero yo me pregunto: ¿Es que de verdad alguien cree que la injusticia andará siempre lejos? ¿Que tenemos alguna posibilidad de evitarla mientras sigamos felices y contentos aceptando la forma de vivir que nos impone el sistema capitalista? ¿Se puede acaso pensar en mejorar el mundo si no empezamos antes por mejorar nuestra propia persona tomando conciencia de cuán injusta es nuestra forma de vivir? ¿Y es posible esa toma de conciencia, en nosotros y en nuestros hijos, sin una reflexión sistemática y continuada y sobretodo sin una educación pensada para ese fin? Si no nos esforzamos en construir conjuntamente mediante el diálogo, la reflexión y el esfuerzo un pensamiento y una moral que nos sostenga; si no somos capaces de construir siquiera en nuestra mente un mundo más humano, menos injusto y desigual, donde el vecino no sea un enemigo ni un objeto extraño sino un hermano, ¿podremos construirlo realmente en nuestro entorno?

Si todo queda ahí, en simple procurarnos mayores bienes, no es difícil para los dueños del sistema tener en el poder a sus lacayos, ya sea ése algún facha bigotudo y malcarado o bien un sonriente civilizado. En realidad es lo que exige nuestra forma de vivir en despilfarro: oprimir, depredar y ponernos siempre al lado del poderoso, de la forma que sea y sea éste quien sea.

Pero para evitar tanta injusticia es preciso cambiar, lo cual quiere decir poner en primer plano la conciencia. Y eso es muy difícil cuando se piensa sólo en comer, beber, gozar y perseguir fama y dinero, los grandes valores del mundo capitalista en que vivimos y que aun sin darnos cuenta todos y todas defendemos y fomentamos. Nuestra forma de vida es un puro adorar al Becerro de Oro, un impregnarnos la mente con su salvaje ideología encubierta de racional pragmatismo para un mayor bienestar... propio, evidentemente, al otro que lo zurzan. Y sobretodo un educar a quienes nos sucedan para seguir adelante con el sistema...

Lo dicho, que no nos salva ni Dios... si no cambiamos.

kaosenlared.net   06.09.2004

http://old.kaosenlared.net/noticia/no-nos-salva-ni-dios-si-no-cambiamos

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