domingo, 15 de octubre de 2017

La independencia de Catalunya en tiempo de prórroga



El pasado martes, 10 de octubre de 2017, el presidente del gobierno autonómico catalán Carles Puigdemont convocó al Parlament de Catalunya para proclamar la República catalana y hacer pública su voluntad de asumir la responsabilidad que como presidente del gobierno de la Generalitat le corresponde.

Un gran despliegue de medios informativos, de ámbito nacional e internacional, esperaba el acontecimiento. Fuera del recinto ajardinado donde está enclavado el edificio del parlamento catalán, una ingente multitud seguía mediante grandes pantallas lo que sucedía dentro.

La reacción del público tuvo tres fases: una primera de gran expectación, de gente anhelante que esperaba escuchar las palabras del presidente; una segunda fase de euforia total, de gritos de alegría que surgían de lo hondo del alma de aquel gentío emocionado; y una tercera fase de estupor, de desilusión y desencanto cuando el presidente Puigdemont, tras proclamar su decisión de ser el primer presidente de la República Catalana añadía que la misma quedaba en suspenso hasta nueva decisión.

Puigdemont explicó que la dilación tiene por objeto dar al gobierno español la oportunidad de sentarse a negociar. ¡Negociar! ¿Qué es lo que queremos negociar? ¿Qué es lo que se puede negociar con quienes nos niegan hasta el más elemental derecho a expresarnos mediante un simple voto? Esas y otras de semejante orden son las preguntas que se hace ese pueblo independentista que lleva cinco años escuchando las glorias que nos traerá una Cataluña libre. Cinco años escuchando que la independencia era posible, que no había que negociar nada sino simple y llanamente proclamarse independiente. ¿Cómo entender y aceptar ahora que no es así?

Desde 2012 acá, el proceso independentista catalán ha sido tema casi exclusivo en los medios de difusión controlados por el gobierno catalán. Se ha enfervorecido al pueblo de mil y una maneras. Se han activado métodos de propaganda de alto rango, llevados a cabo por especialistas de primer orden. Y lo que es más grave, se han hecho afirmaciones que finalmente se ve que no responden a la realidad, tales como que había un alto consenso internacional a favor de la independencia de Cataluña.

Como todo colectivo humano necesitado de Fe, gran parte del pueblo catalán ha creído fervorosamente todo lo que se le ha dicho en relación con el futuro de esa Catalunya independiente soñada. Lo ha creído, lo ha interiorizado y ha puesto el cuerpo para defenderlo.

A tenor del fervor despertado, las redes sociales han estado polarizadas en extremo. No ha habido posibilidad de diálogo alguno entre quienes querían proclamar la independencia y quienes ofrecían objeciones. El independentismo se ha comportado durante ese tiempo como cualquier identidad fanática, sin aceptar dudas ni críticas. Finalmente la realidad muestra lo que hasta el presente se había estado ocultado: que la independencia soñada no es posible.

La independencia no es posible por varias razones y muchas sinrazones. La primera y mayor sinrazón es que quienes tienen el poder en España y en la Unión Europea (UE) no lo van a consentir. Otra sinrazón, aunque de menor orden, es que hay en España un alto grado de españolismo. Todavía pervive en muchos corazones el espíritu golpista de 1936. Son resabios de la dictadura fascista que con el beneplácito de buenas gentes que nunca se metieron en política oprimió al pueblo español. Esas buenas gentes son las que hoy dan soporte al sistema imperante.

Tras las sinrazones empiezan a aparecer las razones. Las hay de orden económico, las cuales habría que ver hasta qué punto son razonables. Y las hay de orden identitario, las cuales en opinión de quien esto escribe son a todas luces razonables. Dada la diversidad de origen de la actual población de Cataluña, más de la mitad de ella tiene raíces españolas, no catalanas, y mantiene vínculos familiares y de amistad con su tierra de origen, lo cual merece mucho respeto.

A nadie se le oculta que la relación entre el Estado y Cataluña es inadmisible. El pueblo catalán viene siendo maltratado por los gobiernos españoles desde muy remotos tiempos, pero de un modo especial desde que se instauró en España la dictadura del golpista Franco. Nada que ver con lo que padecieron el resto de los pueblos de España. La falta de respeto por los más elementales derechos de las personas ha sido notoria en Cataluña. Gran parte del pueblo catalán se ha sentido lastimada. No es gratuito pues el deseo de no seguir estando bajo el dominio de ese Estado maltratador gobernado por continuadores del régimen fascista.

Hay que acabar con los maltratos. Hay que acabar con esa relación ignominiosa. Y si por parte del Estado maltratador no hay voluntad de cambio, el pueblo catalán se tiene que alzar. La rebelión catalana no es un capricho sino una necesidad vital.

Pero la presente indignación de la población catalana ante la declaración de su presidente está más que justificada. A nadie le gusta que le engañen. A nadie le gusta que manipulen sus sentimientos. A nadie le gusta que sin ninguna explicación previa se haga lo contrario de lo que se le había prometido. Lo que ha hecho Puigdemont puede ser un loable gesto de prudencia, pero el modo como lo ha hecho, con total desprecio del pueblo que le ha dado soporte es inaceptable.

Mucho tienen que aprender los políticos catalanes para merecer el respeto del pueblo que gobiernan. Mucho tendrán que aprender también los españoles si no quieren que el conflicto catalán se eternice, que camino lleva de hacerlo. Pero acá, de los políticos españoles nada se esperaba ni se espera. En tanto que sí se confiaba en los que hasta el presente han liderado este pueblo que alza la voz y pone el cuerpo para reclamar un trato digno.

No sabemos cómo terminará el presente round entre el gobierno de España y los políticos catalanes. Ambos contendientes se han dado un tiempo de prórroga, un alargue, como se dice en términos futbolísticos en algunas partes del mundo. Pero sea como sea, no va a terminar como el pueblo independentista esperaba. Es obvio que no habrá independencia.


Nos duele en el alma pensar que el pueblo catalán pueda tener motivos para dejar de confiar en quienes hasta ahora han sido sus líderes. El riesgo existe, porque la fidelidad es sagrada cuando de sentimientos se trata. Y el incumplimiento de lo pactado, sin previo aviso, aun cuando haya para ello razones y causas, a nadie agrada. Pero de humanos es errar y de sabios enmendar. Ojalá que no haya demora en la enmienda. /PC

martes, 26 de septiembre de 2017

El desafío catalán al gobierno español

Cuando la injusticia se convierte en ley, la rebelión se convierte en deber. (Thomas Jefferson)


Legal no es sinónimo de justo. Lo legal es lo que acuerdan quienes tienen el poder. Gran parte de las legalidades vigentes fueron proclamadas al amparo de violencias generadoras de injusticias. La Constitución española vigente es legal pero no es justa. Fue redactada siguiendo indicaciones de ministros franquistas y bajo amenazas del ejército. No fue un acuerdo entre poderes libres sino la imposición de los más fuertes.

El pueblo catalán ha padecido siempre la opresión de la clase privilegiada catalana amparada en el poder estatal español. Numerosas revueltas a lo largo de la historia así lo atestiguan. Siempre fue el Estado español quien las aplastó. Esa es la razón por la cual la burguesía catalana no ha querido nunca la independencia de Cataluña. Y esa es una de las razones por las cuales el pueblo catalán no desea permanecer bajo la tutela de ese Estado represor.

En Cataluña, como en cualquier lugar del mundo, si algo caracteriza a las clases privilegiadas es su sagacidad para medrar a costa de los más humildes. El egoísmo es el principal rasgo de quienes acumulan riquezas y poder. El sentido de comunidad es, por el contrario, lo que salvaguarda los intereses de las clases humildes y da fuerza a los pueblos para defenderse.     

Cuando se unen en un mismo acto de rebeldía parte del pueblo y algunas de las clases dirigentes, la rebelión contra el poder dominante estalla. Y eso es lo que acontece en el momento presente en Cataluña. Un gobierno autonómico de derechas que se hallaba en minoría parlamentaria buscó el apoyo de organizaciones populares y éstas han aprovechado la ocasión para manifestar su rechazo a la opresión del Estado español. No es un nacionalismo romántico el que mueve al pueblo catalán que se declara en rebeldía sino la injusticia padecida a lo largo de los tiempos, que late vivamente en su conciencia.

Una vez más el Estado español ha reaccionado contra la rebeldía. Tras rechazar toda consideración sobre el abuso económico que sufre la comunidad catalana por parte del Estado, ahora pretende ahogar las protestas acogiéndose a la injusta ley que las provocaron. En vez de sentarse a dialogar con los representantes catalanes para reconsiderar la política de expolio a la cual está sometida esa comunidad, los gobernantes españoles pretenden acallar las protestas mediante la represión, tal cual se hacía en tiempos de la dictadura, de la cual son verdaderos continuadores en ideología y métodos.

Las relaciones entre colectivos humanos son conflictivas casi siempre. De aquí la conveniencia de que haya gestores para abordar con justicia e inteligencia los conflictos. En los nefastos años de la dictadura, entre 1939 y 1975, cuando en España se vivía bajo un régimen de terror, los conflictos ideológicos y políticos estaban prohibidos. Toda discrepancia con la actuación de quienes gobernaban era severamente castigada. La violencia ocupaba el lugar de las palabras. Represión y castigos eran las respuestas del gobierno a toda acción que considerasen subversiva.  Un tribunal llamado Tribunal de Orden Público juzgaba a quienes se acusaba de desacato al régimen. Sus sentencias eran severas.

Acabada la dictadura, ya en tiempos de eso que quienes gobiernan vienen a llamar democracia, el viejo Tribunal de Orden Público ha sido sustituido por el Tribunal Constitucional, el cual tiene por misión hacer cumplir a rajatabla la Constitución en todo el ámbito estatal. Los derechos y deberes que en el momento de la transición de la dictadura a la democracia se otorgaron a las comunidades autónomas son indiscutibles. La Constitución es sagrada. Sus orígenes se consideran legítimos al igual que se consideraron en aquel momento. Que los tiempos hayan cambiado y las necesidades sean hoy otras no importa a quienes gobiernan, fieles servidores de los poderes fácticos, criminalizadores del disenso y la protesta. No es extraño que con tales actitudes la discrepancia haya llegado a extremos como el que vivimos.

Quienes controlan el Estado español no están dispuestos a perder los ingresos provenientes de Catalunya, el mayor proveedor de dinero público para el despilfarro organizado que asola al Estado. El pueblo catalán y su gobierno están hartos de tanto abuso de poder, por lo que ante la negativa al diálogo por parte del gobierno español optan por independizarse.

Siempre es el miembro abusado quien pide el divorcio y siempre es el abusador quien se opone. Y así, en el día de hoy, un ingente número de policías a las órdenes del Tribunal Constitucional registra sedes públicas y privadas en Cataluña y detiene personas acusándolas de sedición. Una vez más el pueblo catalán padece el ataque del Estado español opresor. ¿Hasta cuándo seguirá ese orden de injusticia? Quienes tenemos fe en la lucha de los pueblos sabemos que no será para siempre. /PC

Publicado en ECUPRES

jueves, 14 de septiembre de 2017

La ilusión del pueblo y la estrategia de quienes gobiernan


Cataluña ha celebrado ya el 11 de setiembre de 2017, su fiesta patria. Según promesa de los líderes del proceso independentista, esta será la última que se celebrará bajo el dominio del reino de España porque, según ellos, el referéndum del próximo uno de octubre y la voluntad del pueblo catalán harán posible la independencia. Y eso será así pese a que la Constitución del reino de España niegue ese derecho. Pese a que el gobierno del Estado lo impida. Pese que el gobierno catalán no tenga fuerza alguna que oponer a la fuerza del Estado. Pese a que solo los convocantes se obligan a respetar el resultado de la consulta. Nada de eso importa, porque de lo que se trata no es de lograr la independencia sino de mantener viva en el pueblo la ilusión de alcanzarla.

A nadie se le oculta la fuerza movilizadora de las ilusiones. El amor mueve montañas, suele decirse. Pues bien, ¿cuál es la base del amor sino el enamoramiento? ¿Y cuál es la del enamoramiento sino la ilusión? No nos enamoramos de la realidad del ser amado sino de lo que nuestra ilusión hace que veamos en él. Luego para liderar hay que saber ilusionar, porque sin ilusión no se enamora y sin amor no hay fuerza que mueva nada. Y los líderes necesitan la fuerza del pueblo para alcanzar sus objetivos, los cuales las más de las veces no son los que anuncian y prometen sino otros muy contrarios. Nada nuevo pues, ya que el arte de la política es desde muy antiguo el arte del engaño.

Pero que nadie interprete mal mis palabras. Ninguna ilusión arranca de la nada. Los espejismos nacen de realidades imperiosas. Nadie alucina un oasis si no está muriendo de sed. Y de sed muere un pueblo cuando el poder controla la fuente y da con cuentagotas el agua necesaria para existir. Sin una fuerte sed de justicia y respeto nadie hubiese podido lanzar al pueblo catalán a la calle.

En esta España, que desde 1939 viene siendo de vencedores y vencidos, hay miles de almas que sienten viva la humillación de la dictadura franquista. Unos la padecieron. Otros crecieron en un entorno que la padeció. Otros la padecen ahora por la política de recortes que el gobierno español dispone. Y a unos y otros les ilusiona la posibilidad de un cambio que aleje tanta desgracia. No importa que ese cambio sea un espejismo. Los cambios ilusionan a todo el mundo, aunque sean pura fantasía.

Tanto la derecha catalana como la vasca han ocultado su complicidad en la aceptación de la política neoliberal impuesta por la UE. Lo calló la TV española. Lo calló la vasca, controlada por la derecha. Y lo calló la catalana, que también es de derechas. Tan solo voces con muy poca capacidad de difusión lo denunciaron. Pero el pueblo no se enteró porque no quiere indagar. Prefiere soñar, pasar la responsabilidad del cambio a los líderes designados por el poder para que el público elija, ¿Qué cambios puede haber así? ¿Quién va a cambiar nada si siguen mandando los de arriba? ¿O acaso hay alguna diferencia entre la derecha de un país y la de otro? No la hay. Es en los pueblos donde están las diferencias. Hay pueblos sumisos y los hay rebeldes. Hay pueblos inconscientes y los hay con alma y conciencia.  

Las relaciones entre los gobiernos catalán y español andaban revueltas desde que el catalán presidido por el socialista Pascual Maragall sustituyó al conservador de Jordi Pujol en 2003. La tozudez del gobierno español en rechazar la actualización de la autonomía catalana que el gobierno catalán proponía aumentó el descontento entre quienes tenían vivo el espíritu de resistencia contra el franquismo. La actitud nada dialogante del aparato estatal español que se comportaba como en tiempos de la dictadura avivó el afán de independencia.

La derecha española ha sufrido muchos y muy inesperados ataques desde que el 15 de marzo de 2011 aparecieran las acampadas de indignados en diversas poblaciones. Gran parte del pueblo que solo miraba la TV empezó a escuchar otras voces y a enterarse de la corrupción de quienes gobiernan. El gobierno catalán también fue acusado de complicidad por colectivos diversos. Les era pues urgente a ambos desviar la atención del pueblo hacia algo que pudiese motivar a gran parte de la población. Nada mejor para ello que hacer del afán catalán de independencia el principal centro de debate. El mismísimo Marx advirtió en su día que el nacionalismo es el gran antídoto contra la lucha de clases.

A tal fin se puso en marcha en el parlamento catalán un proceso de desobediencia al Estado español. Se aprobó recientemente una ley de ámbito autonómico que tiene como objetivo celebrar un referéndum para decidir si Catalunya debe seguir siendo parte del Estado español o si tiene que ser una república independiente. El gobierno español ha pasado al Tribunal Constitucional la responsabilidad de prohibir dicha consulta. Los jueces la prohíben y movilizan a las distintas fuerzas policiales del Estado para que impidan el acto que el gobierno catalán tiene programado. El gobierno catalán no se arredra y asegura que el próximo uno de octubre llevará a cabo la consulta. Las espadas están en alto. /PC

domingo, 10 de septiembre de 2017

Carta abierta a Lidia Falcón a propósito de su escrito “La historia falseada”, publicado con fecha 18/06/2017 en el blog “Perroflautas del Mundo”. *


Señora Lidia Falcón,

Antes de hacer algunos comentarios a su escrito quiero manifestarle la admiración que desde hace años siento por su talento y bravura al escribir. Casi siempre comparto todo lo que usted dice, pero hoy disiento de su parecer en algunos puntos que me parecen importantes.

Estoy plenamente de acuerdo con usted en que la derecha catalana ha impulsado el movimiento independentista que latía en lo honde de una parte del pueblo catalán para ocultar el latrocinio que están cometiendo y así permanecer en el poder. Y pienso que eso le ha ido de maravilla a la derecha española. Los de acá por la independencia. Los de Madrid por la unidad de España. Ambos por el robo a mansalva y por distraer al pueblo. Pero no creo que el movimiento independentista pretenda “separar a los trabajadores y a las mujeres de los pueblos de España, enfrentándolos entre sí”, como usted señala. Que ese pueda ser uno de los riesgos de posicionarse, no se lo niego, pero no comparto que sea ese el objetivo.

Hace usted una muy interesante exposición histórica de la lucha obrera en tiempos de la II República, pero omite algunos detalles importantes. Es cierto que Durruti llamó a defender la República amenazada por el fascismo, pero no lo es menos que cuando lo hizo dijo que después de derrotar a los fascistas tendrían que luchar contra la República para defender los derechos de los pueblos que la constituían. Eso usted lo ha omitido. Como también ha omitido que aquella II República disolvió huelgas y manifestaciones a punta de bala. Quienes desde posiciones de izquierda la defendieron en tiempo de guerra estaban poniéndose al lado del menos malo. Algo que usted ahora no hace al posicionarse al lado de quienes niegan al pueblo catalán el derecho a manifestarse en referéndum.

Otra cosa que no comparto es su negación al derecho del pueblo catalán a ser independiente y gobernarse por sí mismo porque solo fue una parte de la Corona de Aragón. Lamento de veras que recurra usted ese argumento porque en eso coincide con un fascista vecino mío. Y no es que quiera compararles, pero sí señalar esa coincidencia que, a mi ver, viene de confundir los pueblos con las organizaciones político-administrativas que los gobiernan.

No son estados ni reinos ni condados sino pueblos lo que importa. Pueblos de gentes oprimidas por otras gentes que pactaban alianzas entre ellas para poder oprimir más y mejor al mayor número de desdichados posible. Esos desdichados son los pueblos. Pueblos con costumbres y lenguas que pocas veces fueron respetadas por quienes los gobernaban y explotaban.

Los pueblos son entes naturales, en tanto que los reinos y estados son organizaciones artificiales hechas a espaldas de los pueblos. En la línea que usted razona, tener una lengua propia y una cultura milenaria no parece que sea suficiente para considerarse nación y tener derecho a gobernarse según criterio propio. ¿Qué hacía falta pues, una corona otorgada por poderes superiores a los del pueblo?

Me parece evidente que hay tantas historias como historiadores y que cada cual lee la que más le acomoda. El 11 de setiembre catalán no es una excepción. Por esa razón me tiene sin cuidado lo que pueda haber sucedido en 1714. Lo que de veras me motiva es lo que he vivido desde que tengo memoria: la opresión de  un Estado español fascista. Ese Estado genocida, enemigo de los pueblos desde siempre, gobernado hoy por autoritarios descendientes de la dictadura me impidió aprender mi lengua materna en la escuela. Ese estado, amo y señor de todos sus ciudadanos, se llevó mi padre al frente cuando yo era un recién nacido y no me lo devolvió hasta tener cumplidos cuatro años. Esa España que hoy niega sus derechos al pueblo catalán está gobernada por los descendientes de quienes bombardearon mi ciudad y mataron a mi abuelo materno. Quienes se hicieron dueños absolutos del Estado español impusieron la religión católica en las escuelas y nos catequizaron desde la infancia según la sacrosanta doctrina de esa Santa Madre Iglesia cómplice de todos los crímenes que los golpistas cometieron. Ese Estado español, contra el cual usted dice que debemos unirnos todos los desposeídos para luchar, ha mantenido durante años a la clase obrera en la miseria y sigue ahora favoreciendo la desigualdad entre ricos y pobres para beneficio de los privilegiados... Eso y un montón de cosas más por el estilo es lo que yo he vivido en relación con el Estado español. En cuanto a la burguesía catalana, la mayor parte de ella se puso de parte de los vencedores y a su amparo siguió explotando a la clase obrera. No me extraña que Maria Aurelia Campmany odiase a esos burgueses y tildase de fascistas a los que renunciando a su lengua hablaban en castellano para congraciarse con los vencedores. Yo no les hubiese llamado fascistas sino desalmados, gentes sin conciencia ni principios, lo que a mi ver es peor que ser fascista.

No voy a analizar punto por punto su discurso, estimada señora, porque sería una tarea ardua y no serviría para nada. Usted se quedaría con su opinión y yo con la mía, que es lo que ocurre casi siempre en las discusiones. Pero no quiero concluir esta nota sin hacerle la siguiente observación.

Todos los seres humanos, sin excepción, somos fruto de lo que hemos vivido. Aun en nuestros anhelos personales más contradictorios esa ley es inexorable. No es fatalismo sino observación de la realidad. Eso que en lenguaje coloquial llamamos corazón dicta todo lo que elaboramos intelectualmente. Es a partir de ese principio como analizo yo mi pensamiento y el de quienes me rodean.

Usted se declara catalana hija de emigrantes. En parte yo también lo soy, pues mi madre era aragonesa. Llegó a Barcelona con diez y seis años y lo primero que hizo fue aprender catalán, pues era muy consciente de que llegaba a tierras catalanas, las de un pueblo que no era el suyo. Cuando años más tarde se conocieron con mi padre, ambos hablaban catalán y así siguieron. Por eso mi lengua familiar fue el catalán.

No ha sido esa la actitud de todas las gentes que vinieron a Cataluña desde el resto de España. No todas tuvieron ese elemental respeto por el pueblo que las acogía. Gran parte de ellas llegaron acá creyendo que tenían pleno derecho. No porque pensasen en un mundo sin fronteras sino porque de no saberse en tierras de España se hubiesen sentido gente extranjera. Un modo de pensar nada utópico sino muy conforme con la violencia que determina estados y fronteras.

La mayor parte de la gente que vino a instalarse a Catalunya no traía más objetivo que el de mejorar su forma de vida, algo muy primario pero muy humano. A nadie se le oculta que la mayor parte de las migraciones han sido motivadas siempre por razones similares. El hambre, la supervivencia, la ambición también, han sido los poderosos motores que han impulsado a las gentes a moverse más que a querer cambiar el mundo que habitaban. Pocos son los seres humanos que ponen la utopía en el primer plano de su vida. Eso explica, a mi ver, que ni la lucha de clases haya podido evitar caer en la codicia. Los sindicatos y los partidos de izquierdas están hoy día tan emponzoñados como la mayor parte de la sociedad, incluida la clase obrera. Quizá sea esa la razón por la que no logran arrastrar a la gente hacia la utopía, porque no la tienen en su horizonte.

Todo ser humano, señora Falcón ve el mundo desde la perspectiva que ha construido a lo largo de su vida. Los partidos de izquierda actuales no son ninguna excepción. Los independentistas catalanes, tampoco. Se lo dice alguien que no es independentista ni confía en ningún partido de los que participan del abanico parlamentario actual. Alguien que al igual que usted (si no me equivoco) desea la unión de todos los desposeídos del mundo contra el capitalismo opresor. Alguien que está contra toda opresión venga de donde venga. Alguien que se opone a quien sea que prohíba derechos tan elementales como el de manifestarse mediante referéndums o del modo que sea. Contra quien se sienta con derecho a decirle a un pueblo en qué lengua deben hablar sus hijos en la escuela. Ya viví eso en mi infancia y no quiero que lo vivan quienes me sucedan en este país del cual soy hijo. Gracias por su atención. /PC


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Siempre hay un pueblo sumiso y otro que lucha por los dos


En una de sus lúcidas prédicas Martin Luther King dijo que los horrores padecidos por la humanidad durante el siglo XX se deben tanto a la maldad de los malvados como a la pasividad de las buenas personas. Lamentablemente eso sigue siendo así en la mayor parte del mundo cuando llevamos recorrido ya un trecho del actual siglo XXI. Apenas son contestadas las atrocidades cometidas por quienes gobiernan. Se dan por buenas sus mentiras después que las difunden reiteradamente los medios de difusión que controlan, que son los más y los más importantes. Y lo que es peor: se cuestiona a quienes disienten del discurso oficial, que suelen ser minoría. Viene esto a cuento de lo vivido en los atentados de Catalunya (Barcelona y Cambrils) durante el pasado mes de julio y lo que está ocurriendo en Argentina a día de hoy.

Desde los medios oficiales se potenció acá en Catalunya la compasión, el acatamiento del orden, el apoyo a las fuerzas represivas y muy especialmente el rechazo de toda clase de violencia (la violencia terrorista, por supuesto, pero no la que ejerce el Estado en defensa del orden impuesto). Se silenció todo cuanto pudiese inducir a la gente a preguntarse por las causas ocultas del terrorismo que padecemos. Se silenciaron también las voces de quienes acusaban a las máximas autoridades del Estado de complicidad con quienes organizan y financian las acciones terroristas. La manipulación de las mentes ejercida por los medios triunfo en esta ocasión.

En Argentina, desde que asumió la presidencia Mauricio Macri el gobierno ha tomado un continuo de medidas que perjudican a las clases más desfavorecidas de la sociedad. Una parte de la población ha ido contestando esas fatales decisiones, pero la mayoría las acepta de buen grado y da por buenas las “razones” que difunden los principales medios que están controlados por quienes gobiernan. No en vano es un gobierno de ricos para ricos el que allí ejerce y, como dijo en su día Quevedo, “poderoso caballero es Don Dinero”. [1]

Pero todo tiene un límite y hay hechos que sobrepasan lo que la conciencia de las gentes puede soportar. La desaparición de Santiago Maldonado en manos de la gendarmería el pasado día uno de agosto en la provincia de Chubut es uno de ellos. Gran parte del pueblo argentino se ha lanzado a la calle en numerosas poblaciones del país para reclamar, de forma pacífica, su aparición con vida y censurar la brutalidad del gobierno. Las manifestaciones se llevaron a cabo sin incidentes que mereciesen ser remarcados, salvo en la capital, donde una vez concluida la gran marcha se organizó una refriega entre la policía y un grupo de encapuchados de ignorada procedencia. Las fuerzas del orden aprovecharon ese acto de violencia para hacer redadas por las calles vecinas y detener a diversas personas acusándolas de agresión a la policía. Curiosamente, no faltaron las cámaras de televisión para testimoniar la supuesta violencia de quienes se manifestaron. [2]

Es un hecho común en el viejo y en el nuevo mundo que gran parte del pueblo trague ingenuamente las mentiras que los gobiernos urden para esconder sus ignominias. No en vano cuentan con numerosos equipos de especialistas en la desinformación y controlan los principales medios de difusión de noticias verdaderas y falsas. Y también lo es que la gente engañada se posicione a favor de los mentirosos y en contra de quienes denuncian las mentiras. El engaño programado acaba fracturando la capacidad de razonar a cualquiera que sistemáticamente dedique gran parte de su tiempo libre a dejarse bombardear el cerebro por las emanaciones del televisor.

Pero no es tan común que el pueblo se indigne y salga a la calle reclamando verdad y justicia en la medida que lo está haciendo en ese gran país que es Argentina. Para poder hacer algo así hace falta mucha conciencia de pueblo, algo que no se improvisa. El pueblo argentino lleva años bregando por sus derechos y enfrentándose a quienes se los quieren arrebatar.

También acá en Catalunya hay una larga tradición de reivindicaciones populares. Muchas de ellas han ido perdiendo fuerza con los años, con la dictadura primero y luego con la desmovilización programada de la supuesta democracia en que vivimos. Pero otras se mantuvieron vivas y otras fueron apareciendo como rechazo a las políticas neoliberales que imponen los gobiernos. Entre las que vienen de lejos está el afán de independencia que cada año el pueblo catalán reivindica el 11 de setiembre, un rechazo a la ya secular opresión de los gobiernos españoles.

No será fácil ni en Argentina ni en Catalunya contagiar el fervor de lucha al pueblo pasivo que calla y otorga. No lo es en parte alguna. Despertar de su letargo a la mayor parte de una población dopada y adormecida requiere mucho tesón y que acompañe la suerte; que algo inesperado mueva las entrañas de la gente. Pero la vida es una gran lucha que no concluirá mientras haya un solo ser humano con conciencia. /PC



Publicado en ECUPRES

martes, 29 de agosto de 2017

Ganaron por goleada


El pasado sábado día 26 tuvo lugar en Barcelona el solemne acto final de ese ceremonial de “conducción emocional de la ciudadanía” que los expertos tienen establecido para los ya frecuentes casos de ataque terrorista en ciudades europeas. Una gran manifestación del pueblo encabezada por los estamentos ciudadanos que protagonizaron la asistencia a las víctimas y la defensa de la población, tales como policía autonómica, servicios médicos, agrupaciones de taxistas, etc., seguidos por las autoridades que se mantuvieron en un discreto segundo plano y cedieron el primero al pueblo.

Como es lógico, al acto no podían faltar los máximos representantes del Estado, tales como el presidente del gobierno y Su Majestad el Rey de España. No acudieron autoridades extranjeras, como si hicieron en París, quizá porque Barcelona no lo merecía dado que no es la capital de España, como sí lo es París de Francia. Pero esa ausencia quedó hasta cierto punto paliada porque una buena parte del pueblo catalán no siente como propios ni al rey ni al presidente del gobierno español, con lo cual para ese gran colectivo sí que hubo gente de fuera.

Tampoco vieron con buenos ojos la presencia de esas máximas autoridades los activistas de izquierdas, esas minorías sospechosas de estar contra el sistema que, según la gente cabal y agradecida, protestan por todo sin tener en cuenta que aún podríamos estar peor. Manifestaron su descontento armando una sonora bronca cuando Su Majestad y el presidente español descendieron del coche y ocuparon el centro de la fila de autoridades. Silbidos, gritos adversos y una pancarta que señalaba la causa de los atentados con una frase que recordaba aquella canción de Atahualpa Yupanqui, “El arriero”, en la cual dice: “Las penas y la vaquitas se van por la misma senda; las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. Así, ajenos son también los negocios que causan muertes en el pueblo.

Pero fue empezar el escrache y empezar también a oírse fuerte el lema acordado para la manifestación: NO TINC POR (NO TENGO MIEDO) algo muy oportuno para dar coraje al público y a la población entera, para que no cunda el pánico, para que todo siga como si no hubiese ocurrido nada. Un eslogan que gritó a pleno pulmón la población musulmana de Catalunya para manifestar que no teme ser excluida por el pueblo que la acoge, pese a las malas acciones de unos locos que sin legitimidad alguna dicen actuar en nombre de Alá. Un loable acto de confianza en la sensatez del pueblo catalán y en la solidaridad que lo caracteriza.

No cundió, pues, la bronca entre la gran multitud que se manifestaba contra el terrorismo y en solidaridad con las víctimas. No lograron los gritos de protesta contagiar al gran público. Que los muertos fuesen propios y la causa fuese los negocios ajenos no resonó en las mentes de esa población disciplinada, consciente de que su deber no es otro que el de cuidar su bienestar según manda el orden establecido. La más absoluta serenidad reinó en todo momento. Unidad frente a la agresión terrorista. Cortesía hacia los máximos mandatarios del Estado. Todo fue según lo planificado por los expertos. La pulcritud y el orden ganaron por goleada a la indignación y la bronca.

¿Qué pensar ante tanta sumisión al orden establecido? Cuatro gritos fácilmente apagados. Ninguna organización importante aprovechando el momento para manifestarse contra la inmundicia que ese orden esconde. Los máximos representantes de un Estado que encubre negocios de armamento con los países que financian a los terroristas manifestándose junto a la multitud que rechaza el terrorismo y se solidariza con las víctimas. ¿Cabe mayor desfachatez? Y tan solo una minoría fácilmente silenciada manifestando indignación.

¿Es razonable esa conducta en esta sociedad catalana que tantas quejas dice tener del gobierno español? ¿De veras cabe esperar algo digno de un pueblo que tan pocas muestras de rebeldía da?

Muchas dudas nos deja ese ceremonial. La mansedumbre nunca trajo consigo libertad. Siempre fue la rebeldía la que hizo menos esclavos a los pueblos. Y a decir verdad, rebeldía estamos viendo muy poca ante tanta sinvergüencería organizada. /PC


jueves, 24 de agosto de 2017

Tratamiento mediático del atentado de Barcelona


El pasado jueves 17 de agosto, alrededor de las cinco de la tarde, se produjo un ataque terrorista en el centro mismo de Barcelona, en Las Ramblas, la calle más emblemática de la ciudad.

Una furgoneta se subió al paseo de peatones y arrolló a gran velocidad a más de cien personas. Resultó muerta una y heridas de gravedad el resto. A las pocas horas ya se contaban 13 los muertos y los informes médicos de los distintos centros hospitalarios que atienden a las personas heridas prevén que puedan ser muchas más el total de las fallecidas.

A las pocas horas, en el término municipal de Sant Just Desvern lindante con el de Barcelona, un hombre fue hallado muerto a puñaladas en el interior de un coche. Y en la madrugada siguiente al ataque de Las Ramblas, en la población de Cambrils, a unos 120 Km. al Sur de Barcelona, un coche con cinco ocupantes embistió a un coche patrulla de la policía. Tras un breve enfrentamiento los agresores fueron abatidos.

El día anterior al ataque de Barcelona se produjo una gran explosión en una urbanización de la población de Alcanar, a unos 200 Km. al Sur también de Barcelona. El chalet quedó totalmente destruido. Hubo dos hombres muertos y otro herido, el cual permanece hospitalizado bajo custodia policial.

La policía relaciona todos estos hechos y los atribuye a una célula de ISIS que ya venían persiguiendo desde hacía tiempo. Desde el año 2015 hasta el presente habían logrado abortar varios intentos de ataque de esa organización en Catalunya. Este no lo pudieron evitar. Según parece, la célula terrorista cuenta con muy buena organización. Se han realizado detenciones en diversos puntos del país y la policía trabaja firme para la total desarticulación de ese gran peligro que es el terrorismo yihadista.

A partir de estos lamentables hechos, los servicios informativos han dado toda suerte de instrucciones a la población para la propia seguridad y el buen funcionamiento de la acción policial. Han transmitido los sentidos mensajes de los políticos que se solidarizan con las víctimas y han hecho hincapié en el profundo dolor que unos actos tan luctuosos despiertan en todo ser humano. Han señalado también la ejemplar solidaridad de la población civil con las víctimas y con personas afectadas por causa de las medidas de seguridad que la policía debió tomar.

Se han declarado tres días de luto y se han convocado manifestaciones con asistencia de autoridades y abundancia de público. Barcelona entera ha quedado conmovida y la indignación contra el terrorismo islámico ha crecido considerablemente en la mayor parte de la población. Cabe pues felicitar a quienes han tenido bajo su mando el control de la situación, así como a los medios informativos que han realizado su tarea con admirable profesionalidad.

Durante los días siguientes al ataque se han emitido programas especiales dedicados al terrorismo yihadista y a deslindarlo de la religión musulmana. A explicar el origen del Estado Islámico presentándolo como una escisión radical de Al Qaeda en la guerra de Siria por motivos de fanatismo religioso. A explicar cómo son captados por ISIS los jóvenes terroristas. Y a informar de cómo la población civil puede colaborar a detectar síntomas de radicalización entre los jóvenes pertenecientes a la población musulmana que vive en nuestro país.

Nada, absolutamente nada se ha dejado entrever acerca de quienes impulsaron la formación de esa organización militar y se valen de ella en los terribles conflictos bélicos de Oriente Medio y de buena parte de África. Según lo transmitido, ISIS es fruto del fanatismo islámico, sin más. En ningún momento se ha dicho nada que pudiera dar lugar a que alguien pensara que el terrorismo que nos azota pueda ser una represalia por las agresiones bélicas que la OTAN con los EEU al frente y la UE como cómplice llevan a cabo en los países árabes. Y aun menos se ha dicho que pudiera hacer sospechar que estos ataques puedan estar inspirados por servicios de inteligencia relacionados con la CIA para controlar emocionalmente a las poblaciones afectadas.

La manipulación informativa empieza silenciando lo no conveniente y potenciando lo emocional. Sigue luego con la mentira programada, la cual encuentra ya el terreno emocionalmente abonado en las mentes de la audiencia. Es un método muy bien estudiado y eficaz. Nadie puede negarse a los sentimientos que mueve un atentado de ese orden. La muerte de seres humanos despierta a la vez dolor, compasión y odio. Compasión hacia las víctimas y odio hacia los terroristas. Las emociones embargan por completo la mente de las gentes y no dejan lugar para la reflexión.

Barcelona está ya en la lista de ciudades que han padecido los ataques terroristas y la consecuente “conducción emocional” de la población a través de los medios de comunicación fielmente obedientes a quienes gobiernan. Podemos decir, pues, que este ataque terrorista ha cumplido con su finalidad, la cual no es sino atemorizar a la población, polarizar la opinión pública en lo concerniente a las guerras que actualmente libra el bando de la OTAN en el mundo y reafirmar la confianza ciudadana en la policía y en las medidas de seguridad que dispongan quienes gobiernen.


Todo ha quedado controlado. No cabe esperar que ninguna opinión no conveniente pueda prosperar en la sociedad catalana. Tan solo cabe emocionarse, aplaudir, seguir ignorando de dónde vienen los males que nos azotan y dejar que siga siendo el zorro quien cuide del gallinero. /PC

viernes, 5 de mayo de 2017

Cultivar el pensamiento para renovar la lucha


Pasó el Primero de Mayo sin pena ni gloria, como ya es habitual por estos pagos desde hace años, desde que desapareció de escena la conciencia de clase obrera y todo el mundo pasó a creerse clase media. Necia creencia que solo toma en cuenta estadísticas de orden económico y prescinde de valores humanos y de relaciones de poder. Que no ve ni intuye siquiera que pertenecer a la clase media significa estar en el nivel medio del gran rebaño humano que vive para servir mansamente a los intereses de los amos del mundo. Que no se da cuenta de que ese nivel ha sido determinado por quienes tienen el poder en sus manos y que en sus manos está cambiarlo cuando les convenga.

Por las redes corre una frase que se atribuye a Albert Einstein según la cual “la estupidez humana no tiene límites, al igual que el universo”. No sabemos si la frase es suya ni si el universo es verdaderamente ilimitado, pero no nos cabe duda de que la estupidez de esa gran parte de población que se siente “clase media” supera con mucho los niveles de imbecilidad que son tolerables en un ser humano. De que el nivel de conocimientos que la sociedad le obliga a poseer inhibe por completo su capacidad para pensar en otra cosa que no sea lo que se esfuerza en aprender. De que no cultiva la sabiduría sino el amor al dinero y a ese efímero por individualista bienestar material del cual ahora goza. De que no tan solo no cultiva la sabiduría sino que vive con desprecio absoluto por todo lo que no se acomode al pensamiento dominante. 

Mentes completamente ocupadas por aprendizajes y distracciones, permanentemente invadidas, en las que no cabe ni un ápice de pensamiento que no sea puramente utilitarista. Conciencias atrofiadas por la falta de uso, por la carencia de información motivadora. Desarraigo social a cargo de la competencia necesaria para ocupar puestos ventajosos al servicio de los amos. Ignorancia total de los daños que la actual forma de vida comporta para la especie humana por la destrucción de la Madre Tierra que conlleva, tales como la intoxicación de las aguas, la acumulación incesante de residuos que la naturaleza no puede reabsorber, la destrucción de las formas naturales de vida que siguió durante siglos la humanidad… y un largo etc. 

El capitalismo ha logrado configurar un paradigma de esclavitud que invade la mente de la mayor parte de la población mundial. Sus métodos de persuasión se han perfeccionado con gran celeridad a lo largo del pasado siglo XX y su ideología ha alcanzado hoy día niveles de puro convencimiento. Difícilmente encontraremos en nuestro entorno alguien que no considere la propiedad privada como algo indiscutible. Y del mismo modo se da por bueno el valor del dinero y la dependencia que la vida de cada persona tiene de él. Nada se libra del alcance de las garras de esa inhumana ideología. La humanidad entera adora el confort y el dinero que lo asegura. Es como si el Diablo se hubiese apoderado de todas las almas y las estuviese arrastrando al más profundo de los infiernos.

Han pasado los años desde que la lucha obrera llenaba de sentido la vida de grandes capas de población oprimida. Quienes protagonizaron aquellas gestas se fueron ya al más allá. Pero no es solo el paso del tiempo lo que borró sus huellas sino el vendaval cósmico gestado por el capitalismo que de entonces acá viene barriendo el mundo desde las mentes de quienes consciente o inconscientemente se hallan en el ojo del huracán. Hoy día esa clase obrera ascendida mentalmente a media, que vive a merced de las decisiones que tomen los amos del mundo al igual que vivían los esclavos de todos los tiempos, no conmemora ni rinde honores a quienes por su libertad lucharon sino que los rinde a quienes los oprimen. Quien más quien menos celebra haber conseguido un empleo bien remunerado en alguna gran empresa de ámbito internacional, sin tomar en cuenta el papel esclavizador que esos puestos de trabajo comportan para quienes los desempeñan y para quienes padecen las consecuencias de sus acciones.

Nos preguntamos cuánto tiempo puede sobrevivir la humanidad de este modo poseída por esa ideología destructora. Y también si en algún momento tomará conciencia del rumbo que lleva. No lo sabemos, no poseemos dotes adivinas que nos permitan ver el futuro. Pero sabemos que el planeta Tierra ha sobrepasado con mucho sus límites de recuperación ante el continuo atropello que la humanidad le infringe. Y sabemos también que los paladines de esa endiablada ideología capitalista se han hecho con todos o casi todos los medios de difusión de pensamiento que hoy día existen, lo cual no augura nada bueno. 

Es urgente recuperar el pensamiento, descubrir la mentira, hacer callar a los mentirosos. Es urgente recuperar la capacidad de pensar y de invitar a pensar, porque es el único camino que hay para hacer que el pueblo esclavo tome conciencia de su esclavitud y se decida a reemprender la lucha de quienes pusieron sus vidas al servicio de los desposeídos. Eso, o quedar irremisiblemente engullidos por la vorágine capitalista. /PC

viernes, 17 de marzo de 2017

Los agentes movilizadores y las fuerzas represoras


¿Quién es quién cuando se enfrentan el mal y el bien?


Estamos en tiempos de lucha, de movilización social en defensa de los derechos del pueblo oprimido. El capitalismo más feroz se ha hecho con el poder en casi todo el mundo y muestra su mala entraña sin escrúpulo alguno. Gran parte de los líderes políticos están al servicio de quienes con su poder económico imponen su voluntad y oprimen al pueblo entero y de forma criminal a las capas sociales más desfavorecidas. Junto a los políticos venales andan no pocos jueces, también militares, fuerzas policiales y los grandes medios de comunicación. Todos ellos arrodillados ante ese ídolo sin alma que es el dios Dinero.

Acosado por la injusticia y ante el desamparo del Estado, una parte del pueblo sale a la calle poniendo el cuerpo para manifestar su existencia. Con su cuerpo, su voz, sus gestos y cuanto surge de su imaginación se esfuerza en despertar conciencias de quienes cegados sus ojos y obnubiladas sus mentes por las pantallas de los televisores no ven el continuo lavado de cerebro que el poder les hace y acatan dócilmente las imposiciones gubernamentales.

Con las movilizaciones llega la represión. Disposiciones gubernamentales, judiciales, acciones policiales y desinformación se conjugan para invalidar los reclamos del pueblo disconforme. Hay golpizas y detenciones. Las leyes básicas de la nación son transgredidas, ignorados los derechos humanos, los hechos tergiversados por los grandes medios informativos… Todos los poderes estatales están contra quienes osan desafiarlos. La justicia desaparece. La piedad no existe. Solo la ley del más fuerte, que siempre es el Estado.

Salvo rarísimas excepciones, al frente de las señaladas movilizaciones hay organizaciones sociales: gremios, agrupaciones sindicales y colectivos diversos no gubernamentales que comparten idéntica inquietud ante las injusticias de quienes gobiernan. Y también raramente, muy raramente, podemos ver en esas marchas hacia un mundo más justo y más humano a colectivos agrupados en torno a la Iglesia Católica Romana. Y no es así porque no tengan capacidad de convocar, que bien la tienen cuando de condenar derechos sociales se trata, tales como matrimonios igualitarios, derecho médico a mujeres que aborten, laicidad del Estado y todo cuanto redunde en la disminución de sus privilegios. Luego, ¿por qué no están al lado del pueblo que se manifiesta contra la injusticia?

Varias son las respuestas que se pueden dar a la anterior pregunta. Varias y condicionadas al modo de pensar y sentir de quienes respondan. Porque por más que la idea de injusticia parezca obvia, es evidente que no lo es. La mente humana ve el mundo a través del filtro con que ha sido configurada. Lo que para unos son derechos humanos, para otros son pecados. Lo que para unos es libertad de expresión, para otros son blasfemias. Y ahí tenemos pidiendo represión y castigo para herejes y blasfemos a los fieles seguidores de esa sacrosanta institución que solo se manifiesta según hemos indicado en el párrafo anterior. Ni comprensión ni diálogo sino obstinada persecución de lo que ofende a su modo de pensar.

Ante esa conducta que señalamos y que hace falta ser ciego para no verla, no podemos sino preguntarnos si semejante actitud es cristiana. Y yendo más allá, cabe también que nos preguntemos por sus causas.

Antes de continuar queremos advertir a quienes nos lean que tenemos buenos testimonios dentro de la feligresía católica de personajes y gentes de diversa condición y nivel social que han protagonizado luchas en favor de los desheredados. Ahí están Dom Pedro Casaldàliga, Dom Hélder Câmara, San Romero de América, El Padre Mujica, el Obispo Angelelli… y tantos otros y otras que no cabe citar por su gran extensión.

Pero con ser muchas esas benditas almas a las que acabamos de referirnos, el porcentaje que representan en el censo católico-romano mundial es insignificante. No hay más que mirar los liderazgos de las actuales marchas de protesta y ver cuántas pancartas corresponden a organizaciones católico-romanas. Quien esto escribe no ha visto jamás en toda su vida una sola salvo cuando de defender privilegios para su Iglesia se trataba. Ahí sí, abonando la desigualdad y la injusticia hemos visto organizaciones eclesiales enarbolando pendones y estandartes. Luego seguimos preguntándonos: ¿a qué es debido?

Se nos ocurre una respuesta. La Iglesia Católica Romana lleva siglos elevando preces al Dios del Cielo y poniéndose a un tiempo al lado de los poderes terrenales. Una vela a Dios y otra al Diablo. Ese es el ejemplo que ha dado la jerarquía y ese es el que sigue la feligresía. Rezar mucho y actuar en pro del mayor beneficio. Dar limosna para acallar la conciencia, pero evitar toda acción que pueda producir cambios estructurales que comporten pérdida de privilegios. Es decir: amar al prójimo pero no tanto como a nosotros mismos.

Bien dijo el Obispo de Évreux Jacques Gaillot antes de que lo destituyeran de su cargo: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada” (*). /PC



domingo, 12 de marzo de 2017

No hay que provocar a la bestia


No hay que esperar que quienes impusieron su religión a filo de espada y en nombre de su Dios torturaron y asesinaron “infieles” entiendan lo que nunca estuvo en su mente, cual es el sufrimiento que sus creencias y su intolerancia han causado y siguen causando en el mundo.

Vimos hace dos años cómo reaccionaron los políticos de la UE después del atentado perpetrado en Paris el 7 de enero de 2015 en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo y cómo los grandes medios informativos se aplicaron a despertar la ira de la población mediante un discurso que confundía islam con terrorismo, sin dar lugar a pensar cual era el origen de ese terrorismo que condenaban. Y también vimos similar reacción de gobiernos y medios tras el atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de setiembre de 2001, el cual sirvió de pretexto al presidente Bush para proclamar la “necesidad” de dar comienzo a la “guerra preventiva”, una escalada de violencia mundial que no era sino una manifestación más del afán de dominio y rapiña que rige en aquella gran nación fundada sobre el genocidio de los pueblos originarios en manos de los invasores europeos.

Hoy vemos similar reacción tras la representación que una joven realizó en Tucumán frente a la catedral y las pintadas que otras hicieron en la catedral de Bs As. La intolerancia de gran parte de la feligresía católica no ha tardado en manifestarse con toda la previsible agresividad que el fanatismo conlleva, respondiendo a los gestos de protesta con detenciones y golpizas propiciados por quienes debieran ser guardianes de la convivencia y nunca defensores violentos del modo de pensar de una parte de la población. Una parte que, dicho sea de paso, ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, ya que mayormente da soporte a políticas injustas que propician formas de vida basadas en la explotación y el sufrimiento de grandes masas humanas en manos de quienes controlan la economía mundial.

La incoherencia de tamaña reacción se explicita en el discurso del sacerdote P. Leandro Bonin, de la provincia de Entre Ríos (*), en el cual no habla en nombre propio sino en el de todos los “argentinos de ley”, una expresión muy poco cristiana si recordamos que los evangelios ponen en boca de Jesús: “no se hizo el hombre para la ley sino la ley para el hombre”. Argentino de ley es pues a la luz del evangelio una expresión que invita a dudar del espíritu cristiano que impregna la ley que según ese reverendo caracteriza al buen argentino. Incoherencia que también se manifiesta en su petición de “sanción ejemplar” para .lo que él considera “no tan solo un pecado sino un delito”.

Si apartando nuestra mirada por un momento del hecho que nos ocupa miramos cómo la humanidad está dividida entre opresores y oprimidos en la mayor parte de las naciones y vemos luego la actitud que las diversas comunidades religiosas tomaron y toman en esa división, observaremos que la Iglesia Católica Romana estuvo siempre al lado de los poderosos, de los invasores, de los explotadores, de quienes impusieron su voluntad a fuego y espada, tanto en Europa como en la colonizada América. Veremos cómo esa Iglesia que ahora reclama la consideración de delito para lo que según ella son pecados es la misma que dio soporte durante siglos a reyes guerreros, predicó quemas de brujas y la misma que en pleno siglo XX bendijo a una de las más sanguinarias dictaduras europeas cual fue la del dictador Franco en España. Y no digamos ahí en América con Videla y Pinochet y la famosa “Operación Cóndor” del invasor del Norte. Y veremos también que es la misma que no considera pecado la explotación de los pobres por parte de los acaudalados terratenientes y empresariado de diversos rubros que se enriquecen con el sufrimiento de la clase obrera.

Viendo lo que antecede, ¿cómo no entender que la parte más maltratada de la sociedad manifieste públicamente sus quejas aun a riesgo de despertar la ira de quienes se escandalizan ante un simulacro y unos grafitis pero permanecen indiferentes ante una realidad social de flagrante injusticia cual es la de legislar a gusto de la población católica con desprecio de quienes no profesan dichas creencias? Solamente mediante un férreo fanatismo partidista se puede entender y justificar semejante actitud.

La denuncia y queja de las mujeres saliendo a la calle para dar testimonio de la injusticia a la que la sociedad patriarcal las tiene sometidas no cabe en la cabeza de quienes no entienden de más derechos que los propios. Tampoco en la de quienes se sienten con derecho a imponer leyes y dirigir los destinos de las naciones porque según dicen esa es la voluntad divina manifestada a través de su sacrosanto sacerdocio. No cabe esperar que entiendan de reclamos ni de legislaciones justas. Cabe, eso sí, esperar que sigan empecinados en mantener su poder sobre las mentes y los cuerpos de quienes según ellos les son inferiores por designación del Dios de los cielos, de ese Dios que según dice su Fe se encarnó en un cuerpo humano para librar a la humanidad de las acechanzas del maldito. Una bella idea que desmienten una vez más con su conducta.

Lo dicho, hay que llevar cuidado de no despertar la bestia que anida en tantos corazones cuando se reclama en un entorno dominado por la intolerancia y el inhumano proceder. /PC