martes, 10 de septiembre de 2013

Catalunya


A quienes dentro y fuera de Catalunya se manifiestan en pro o en contra de la reivindicación de independencia del pueblo catalán.


Se acerca el 11 de setiembre, día de reivindicación patria para quienes nos sentimos pueblo catalán invadido y oprimido por los sucesivos gobiernos de España.

No toda persona nacida en Catalunya, sea cual sea su antecedente familiar, comparte dicho sentimiento sino tan solo quienes con conocimiento de la historia y hondo sentido de la libertad consideran que ningún pueblo tiene derecho a someter a otro, que los pueblos, al igual que los seres humanos que los forman, tienen el natural derecho de ser libres, de gobernarse por sí mismos, y que toda violencia que conculque ese derecho es un crimen detestable.

Quienes tenemos ya alguna edad y padecimos en nuestra niñez y juventud el autoritarismo de la dictadura de Franco y sus colaboradores sabemos lo que esa fecha acarreaba.

Se extremaba la vigilancia policial a fin de que no hubiese ninguna manifestación pública, colectiva ni individual, de amor a la patria catalana y se penaba con detenciones y severos castigos la desobediencia de esa norma, cuyo único fin era, según decían fuentes oficiales, preservar la unidad de España.

Pero lo que en realidad se pretendía era borrar de la memoria del pueblo el hecho histórico ocurrido en igual fecha del año 1714, cuando tras ser derribadas a cañonazos las murallas de Barcelona, las tropas de la corona española ocuparon la ciudad.

De entonces acá, Catalunya entera sería botín de guerra de la España triunfante. Las leyes españolas regirían en todo el territorio catalán. Prohibida la lengua catalana en todo documento escrito, la lengua de Castilla sería la única válida. El pueblo catalán dejaría de ser tal y pasaría a ser pueblo español, siendo Catalunya una región de España.

Tamaño genocidio ha sido norma y guía para todos los gobiernos que de entonces acá ha tenido el reino de España y tomó dimensiones extremas a partir de 1939 durante la criminal dictadura de Franco. En ese tiempo se acrecentó la persecución de la lengua catalana prohibiéndose su enseñanza en la escuela y su uso en actos públicos, incluidos los religiosos.

El dinamismo económico del pueblo catalán y los intereses que de él dimanan fueron y siguen siendo objeto de atracción y codicia de quienes ponen su propio bienestar por encima de cualquier otra consideración.

No es extraño, pues, que con desprecio de la identidad catalana, atentas solo a su propio bien, esas gentes se sumen al patriotismo hispano y de un modo más o menos activo, consciente o inconsciente, participen del genocidio cultural que a lo largo de esos tres siglos se viene perpetrando. 

Todo cuanto antecede viene a cuento con motivo de los muchos comentarios y tensiones que suscita la actual celebración del gran día de la patria catalana.

Políticos de diversos partidos catalanes y españoles advierten del peligro que encierra la independencia de Catalunya. Izquierdistas y derechistas de diversos colores, partidarios todos ellos del pensamiento único, claman en pro de la unidad sin más, ya sea hispana o de clase. Partidos catalanes que nunca habían sido independentistas se suben ahora al carro de la independencia.

Un auténtico puzzle de difícil resolución para quienes de buena fe pero con poco sentido crítico escuchan ese alud de falacias que escudándose en nobles principios no hace sino atender a los sentimientos e intereses personales de quienes lo generan.

En opinión de quien esto escribe, legitimar las victorias guerreras de 1714 o de 1939 es apostar por la violencia como norma de relación social.

Podrá decirse que así es como se han configurado siempre todos los estados, que el ser humano es bélico por naturaleza. ¡Cierto! Pero también es cierto que somos seres reflexivos, lo cual nos da la posibilidad de superar la bestialidad y buscar formas de convivencia por las sendas del diálogo.

Lo que hoy hacemos los catalanes es buscar vías de diálogo que nos restituyan la dignidad arrebatada. Quien crea que la libertad es un derecho natural de todo ser humano entenderá que lo es también de todo pueblo. Nadie, persona o pueblo, tiene derecho a someter a otro. Nadie con un mínimo sentido de la dignidad se rinde dócilmente ante la fuerza bruta.

A quienes al son de la internacional obrera arremeten contra la reivindicación catalana de independencia, cabe señalarles que la gran patria de los oprimidos es el mundo entero, con toda su diversidad de lenguas, culturas y etnias. Que no son las divisiones administrativas lo que separa a los seres humanos sino las de clase. Que la revolución no es uniformidad impuesta sino respeto y libertad de personas y pueblos.

A quienes apuestan por la independencia patria sin tomar en cuenta los condicionantes sociales en que ésta se base, cabe advertirles que de la mano de quienes viven de la injusticia nunca se alcanzó la justicia. La literatura está llena de ejemplares pactos con el diablo, los cuales debieran servirnos para reflexionar.

En cuanto a los políticos oportunistas que manipulan las reivindicaciones patrias y las utilizan en beneficio propio, queremos decirles clara y llanamente que poco respeto nos merecen. Paladines de banqueros y ricachones los más de ellos, no son sino enemigos del pueblo, seres despreciables, instrumentos del poder opresor al cual en nombre de la humanidad tenemos el deber moral de repudiar y combatir.

El pueblo catalán, de larga historia, es un pueblo con tanta dignidad como el que más. Que avatares históricos nos hayan traído a la situación actual no significa que debamos aceptarla dócilmente renunciando a nuestros naturales derechos. No queremos ser esclavos ni siervos de nadie. Queremos ser un pueblo libre e independiente, en el cual forjar una sociedad justa, solidaria y amante de la paz.

¡Viva Catalunya libre! ¡Viva el pueblo catalán!

 VISCA CATALUNYA LLIURE! VISCA EL POBLE CATALÀ! + (PE)


Nota. Este artículo, enviado para PE/Ecupres por su autor,  también fue publicado en la página KAOS.

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