sábado, 25 de octubre de 2008

El oro y la palabra divina

La salvación está en los pobres.


Algo así me parece recordar que leí en algún escrito de Jon Sobrino. De ser así no me extraña que a punto estuviesen de silenciarlo, porque si elogiar la pobreza dentro de una institución que viene apostando por el poder y la riqueza desde su comienzo hasta el presente es una afrenta, pensar de tal modo que lleve a decir algo semejante puede ser un zarandeo a las creencias que amparan la conducta de quienes la rigen.

Por suerte, Sobrino no es el único que piensa de ese modo dentro de la Iglesia Católica, pues son muchas las personas religiosas que son ejemplo vivo de esa conducta que predicaba el Jesús de los evangelios. Pero algo ocurre que quienes así piensan pintan poco dentro de esa institución. ¿Será voluntad del Espíritu Santo, que así sea?

Me vino esto a la cabeza cuando leí que Benedicto XVI, citando el evangelio aconsejó construir sobre sólido y seguro. Muy buen criterio, nadie lo duda, aunque algo ambiguo, porque mientras el Papa consideraba sólida la palabra divina, sus economistas apostaban por el oro. Una tonelada, dice la noticia que tienen. [1]

No voy a entrar en si es correcto o no predicar aquello de “los lirios del campo y las aves del cielo” teniendo cubiertas las espaldas con 1.400 millones de €, porque como bien sabemos «todo es según el color del cristal con que se mira» i cada cual tiene sus buenas razones para justificar lo que hace. Pero sí quiero apuntar que desde esta “tierra de nadie” en que me encuentro, donde no hay cabida ni para las ensoñaciones religiosas ni para la inconsciencia de un positivismo que huyendo de engaños y supercherías echa por la borda la esencia misma de la dimensión humana, no parece aceptable predicar una cosa y hacer la contraria.

En mi opinión, una institución que se comporta de un modo tan ambiguo no puede autodenominarse seguidora de aquel que no tenía donde recostar su cabeza, que aun teniendo hambre no quiso convertir las piedras en panes, que renunció a triunfar espectacularmente tirándose de lo alto del templo, y también a hacerse dueño y señor de la tierra a cambio de adorar al diablo; y aun más: se atrevió a cuestionar el pensamiento de las clases dominantes de su tiempo aun sabiendo que en esta acción empeñaba su vida.

Desde mi personal perspectiva se entiende la ambigüedad en el ámbito individual, en el cual vivimos -quien más quien menos- encendiendo una vela a Dios y otra al diablo. Pero no en el institucional, porque una institución no puede caminar a la vez hacia la derecha y hacia la izquierda. No puede estar a la vez del lado de los oprimidos y de los opresores, de las víctimas y de los verdugos.

No veo pues que la Iglesia Católica haya hecho una opción clara por el reino de Dios y su justicia. Veo, eso sí, que la ha hecho por lo emocional, que se pone claramente al servicio de quienes buscan su felicidad en los arrobos “espirituales” que nacen de la contemplación del imaginario religioso, pero no de quienes la buscan en el esfuerzo por la consecución del bien común a lo largo y ancho del planeta Tierra. ¿Será que se ha centrado tanto en «amar a Dios» que se ha olvidado de «amar al prójimo»?

Hoy la humanidad está pasando por un momento verdaderamente difícil. En nuestra opulenta civilización occidental cristiana la justicia social está en franco retroceso. Los ricos del mundo se han hecho amos ya de casi todo lo necesario para subsistir. Se han adueñado de la tierra, del agua y de cuantos recursos naturales han hecho posible a lo largo de los siglos el desarrollo humano. La vida de millones de personas está en manos de los ricos, que aseguran con la ventaja que les dan los avances tecnológicos y la sofisticación de los medios de guerra esta apropiación que antaño hicieron a filo de espada y a punta de bala. Y en medio de esta realidad, la Iglesia Católica sigue el juego de las finanzas mientras el Papa pronuncia bellas palabras.

¡Ah, las palabras! Las palabras son los cantos de sirena que los cazadores de corazones emplean para lograr que millones de personas inocentes les sigan, tanto para lo bueno como para lo malo. Porque la palabra, dicha o pensada, llega hasta lo hondo de la mente, alcanza el sistema endocrino y dispara torrentes de hormonas. Y ya sabemos lo que pueden las hormonas.

En esta poderosa acción de la palabra que acabamos de señalar se basan la psicoterapia, el adoctrinamiento, la plegaria, la educación, los lutos, el culto religioso y todo cuanto desde dentro modifica los sentimientos y la conducta de las personas. Es la conexión que hay entre el pensamiento y la totalidad endocrina del cuerpo humano lo que hace posibles esos “milagros” de transformación interna que a veces observamos o experimentamos. En este siglo XXI en que vivimos, sabemos a ciencia cierta que ésa es nuestra realidad corporeomental. Luego no hay que escandalizarse por pensarlo o decirlo. Dios o la naturaleza, según se vea desde una perspectiva creyente o una atea, nos han hecho así. ¡Demos gracias!

Demos gracias, sí, pero vayamos con cuidado, porque la palabra es esclava del corazón de quien la dice. De ahí la necesidad de mirar los hechos antes de dejar que nos afecten las palabras. Porque toda palabra, aun la más divina, la dicen los humanos, y en el corazón humano caben las mayores ruindades que podamos imaginar. «Por sus hechos los conoceréis», no por sus palabras, porque son los hechos los que desenmascaran las conductas hipócritas.

Posiblemente sea inexacto decir que la soberbia clerical y su hipocresía son la causa principal del materialismo exacerbado que aqueja a nuestra opulenta civilización occidental cristiana. Pero no pienso que lo sea decir que mucho han contribuido a ello, ya que han servido y sirven todavía para ahuyentar a miles de personas y alejarlas del camino de humanización que representa un cristianismo vivido según las enseñanzas que nos transmiten los evangelios. Y sirven también para que muchas personas de buena fe tomen por buena esa conducta ambigua de la jerarquía eclesiástica y vivan mirando al cielo y haciéndole a la vez el juego a los poderes terrenales, esos que justamente son la causa del hambre y de las miserias que un cristianismo auténtico debiera esforzarse en impedir.

No sé si tendrá razón o no Jon Sobrino. No sé si la salvación nos va a venir de la mano de los pobres. Pero sí que estoy plenamente convencido de que no nos va a venir de la mano de quienes, diciendo lo que digan, apuestan por la seguridad que dan la riqueza, la posición social y el dinero, que bien sabemos de donde salen y que costo humano tienen.



jueves, 23 de octubre de 2008

Izquierdas, derechas y verdades absolutas

La viñeta de Máximo publicada en El País en fecha 29/7/2007 * que un amigo me envió hace unos días me hizo sonreír y, al rato, empezar a hacer cábalas. 


Jesús proponía cambios: los últimos en el lugar de los primeros; bienaventurados los humildes, los pobres, los marginados; el de arriba que sirva al de más abajo; no llaméis padre ni maestro a nadie, no se hizo el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre... No eran cambios circunstanciales sino cambios en la forma de mirar, de entender, de sentir, de relacionarse; era un cambio profundo en la conciencia, una transformación en el interior de la persona que ponía patas arriba todo el orden establecido. Era un desafío total, una revolución completa que empezaba en el corazón mismo de cada ser humano, en lo más hondo de su alma, y afectaba a toda su conducta. ¿Cabe imaginar algo más subversivo, más a la izquierda?

Es obvio que semejante actitud no sirve como base para una religión imperial ni estatal −no servía en el siglo tercero ni sirve ahora; no hay más que ver los problemas que ha tenido y tiene aún la Teología de la Liberación−. Luego para poder hacer de Jesús el centro de una religión conveniente a quienes detentan el poder había que aguar sus enseñanzas, había que neutralizar su fuerza revolucionaria. ¿Cómo hacerlo? Pues mirando al cielo, divinizándolo hasta el punto de minimizar su gran humanidad. Y así, a golpe de concilio y a fuerza de devanarse los sesos se llegó a la "revelación" de las verdades absolutas, a los dogmas, a la jerarquía infalible designada por el mismísimo Espíritu Santo, a una religión cultista y a una Iglesia de derechas.

De derechas porque lo propio de la derecha es la estabilidad, el continuismo, lo jerárquico, la oposición a cualquier cambio, el afán de asegurar el orden que garantiza los propios privilegios, sean muchos o pocos. Un afán de seguridad que es la piedra angular de todo autoritarismo, religioso o político. En ella han tropezado todos los movimientos transformadores y a partir de ella han girado hacia la derecha, se han anquilosado, se han petrificado y han acabado feneciendo. Porque no se puede ser profeta ni revolucionar nada desde el privilegio, ya que éste no es sino traición al espíritu fraterno que se pretende instaurar.

Pero de derechas también porque ¿cómo puede no ser de derechas alguien que se cree en posesión de la verdad absoluta?

Creerse en posesión de la verdad implica, inevitablemente, la descalificación de quienes no comparten el mismo pensamiento. Es un gesto de arrogancia que sitúa mentalmente a quienes así piensan por encima de quienes no comparten su modo de pensar o de creer. Es una clara actitud de discriminación, de clasismo intelectual. Es renunciar a cuestionarse el propio pensamiento, o bien cuestionarlo sólo de mentirijillas, no fuese a ser que se viniese abajo. Luego es renunciar a avanzar, a modificar nada, y menos todavía a transformarse. Es una clara actitud antirrevolucionaria. ¡Más de derechas, imposible!

No puede ser más acertada, pues, la observación que hace el Dios Padre del chiste. En nuestra "opulenta civilización occidental cristiana" no suele verse en los templos a las gentes más desfavorecidas socialmente sino a las que están en situación relativamente mejor, es decir, a las que no están por muchos cambios, o sea a las de derechas. ¿Cómo no va a ser así, si obispos y cardenales viven en palacios? ¿Acaso no es el de arriba quien tiene que dar ejemplo al de más abajo? ¿Cómo era aquello de poner la luz en lo alto?

Que en la Iglesia hay gente de izquierdas, no me cabe la menor duda. Ahí tenemos esparcidas y esparcidos por el mundo a quienes echan su suerte con los pobres de la tierra. Y sin ir muy lejos ni en el espacio ni en el tiempo, ahí tuvimos Entrevías, una manifestación eclesial ejemplar y nada derechosa. Pero toda esa entrega de gentes que siguen a Jesús no impide que institucionalmente la Iglesia sea de derechas y que ésa sea mayoritariamente la mentalidad de quienes la siguen. /PC



FE ADULTA  23/10/2008  

miércoles, 21 de mayo de 2008

La costosa ataraxia


Permanecer en actitud serena ante lo que sentimos en lo hondo como injusticia o engaño premeditado es para algunas personas, entre las que se cuenta quien esto escribe, muy difícil. Cada cual es como es y responde como responde; hay quien se inhibe y vive y hay quien se lanza al monte.

Modelar el carácter a partir de una edad ya algo avanzada no es tarea fácil. Algo pueden ayudar a controlar la propia conducta los fármacos que ahora hay disponibles, pero en general y aun sin ser una verdad absoluta, el viejo refrán de «genio y figura hasta la sepultura» tiene mucho de cierto. Tal vez por esta razón hindúes y budistas piensen en la reencarnación como una solución para seguir con la ardua tarea de alcanzar la perfección en este mundo antes de quedarse definitivamente en el otro, lo cual vendría a ser el equivalente del purgatorio católico, esa especie de sala de espera donde las almas se pulen antes de partir definitivamente hacia el cielo. Quizá una y otra idea no sean más que fantasías, pero da igual, porque a algo tiene que agarrarse la mente para no caer en el vació de ánimo que conlleva pensar como un absurdo la propia vida.

El problema de la ataraxia es el costo. ¿Quién la paga? En general, las cosas las paga quien las sufre. No quien echa mano al bolsillo y saca el dinero o la tarjeta de crédito, sino quien con su sudor y sufrimiento hizo posible que ese dinero fuese a parar a manos de quien lo usa. Pero pensarlo de este modo nos resulta incómodo, y preferimos echar mano de nuestra moral de propiedad privada, la cual se puede resumir con un refrán ya viejo por olvidado que dice: «a cada cual lo suyo y robar lo que se pueda».

La moral es la mejor ataraxia que podemos tener fácilmente a nuestro alcance. Si todo el mundo lo acepta, y sobretodo si las personas prominentes de nuestro entorno encabezan esa aceptación, nuestro ánimo puede permanecer sereno. Podemos seguir con nuestra paz en el alma, centrando toda la atención en nuestros asuntos, impertérritos ante el dolor ajeno causado por nuestra forma de vida, a pesar de tener por bien cierto que si pocos podemos tener mucho es porque muchos pueden tener muy poco. No importa. Nuestras autoridades morales tradicionales dicen que el orden es sagrado y que debemos limitarnos a paliar el sufrimiento que hallemos en nuestro metro cuadrado. Ahí está el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta, una santa a ojos de todo el mundo. Caridad, pues, y nada de pensamientos revolucionarios, que estos no favorecen en nada la ataraxia.

Quienes se han dedicado al estudio de las creencias y las ideas religiosas coinciden en que todos los pueblos han elaborado en cada momento de su historia formas de pensamiento religioso que les permitiesen vivir en paz consigo mismos y con su entorno inmediato. Y la historia – la no tan especializada sino más general − nos cuenta que tan celosos de esa paz han estado los líderes humanos que en no pocas ocasiones han impuesto ese pensamiento a fuego y espada a propios y a extraños. Mantenimiento y expansión de la fe le han llamado en uno y otro caso; pero lo que ha contado en ambos ha sido asegurar que en el entorno inmediato no hubiese nada que pudiese alterar ese pensamiento colectivo que tanta paz da al alma. Ya es antiguo, pues, eso de hacer pagar a otros la ataraxia.

Hoy gozamos de paz en el mundo opulento que habitamos. Y hoy igual que ayer, el costo de nuestra paz es la desgracia ajena. El mundo pobre es el que, gracias a Dios, paga con su dolor nuestra ataraxia. Hablar de justicia y de paz sin alterarnos es posible gracias a esta bendita forma de vivir y de pensar que llevamos cristianos y paganos, la cual nos impide cuestionar para nada esta droga del bienestar que es el pensamiento satisfecho, religioso y profano. Gran regalo del cielo, para quienes lo gozamos. Gran ejemplo de paz y convivencia en armonía este orden sagrado que han logrado a través de los siglos los líderes espirituales y terrenales de nuestra opulenta civilización occidental cristiana. ¡Elevemos con gozo el corazón al cielo y demos gracias! /PC

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/05/la-costosa-ataraxia.html

sábado, 17 de mayo de 2008

El sagrado orden

«Si no hay libertad para ofender, no hay libertad de expresión». (Salman Rushdie)


Parece exagerado y tal vez lo sea, porque en principio a nadie le parece bien la ofensa como norma relacional. Pero vayamos por pasos: «el respeto debido», «la obediencia debida», ¿qué son sino murallas para hacer intocables a quienes están arriba?

Desde una óptica conservadora, esta frase atribuida a Salman Rushdie es inaceptable. Pero es que desde ese punto de vista también lo es todo cuestionamiento del orden establecido. El “orden”, tal como lo entienden las mentes conservadoras, es sagrado. Y a poco que se mire se verá que esa sacralización incluye los privilegios de quienes lo gozan y lo sostienen, que es tanto como decir sus logros a hierro y a fuego consolidados luego mediante leyes y costumbres.

Si no hay libertad para llamar a las cosas por su nombre, algo que para quienes están instalados en la mentira es siempre una ofensa, no hay libertad de expresión. Y si no hay libertad de expresión no hay posibilidad alguna de cuestionar nada de cuanto quienes ostentan el poder consideran sagrado, y todo permanece inmóvil gracias a ese sacrosanto respeto que desde lo alto ha sido instaurado. Y no por ningún dios precisamente sino por la astucia y falta de escrúpulos de quienes tienen su trono posado sobre lomos ajenos.

El orden establecido se asienta sobre la programación de las mentes de todos y cada uno de los individuos de una sociedad, y cambiar esa programación es muy difícil, por no decir imposible. Cualquier cambio profundo en la mente de alguien es un trastorno grave que el individuo intenta evitar a toda costa porque le desestabiliza. De aquí que el poder, una vez instaurado, cueste tanto de remover, porque son los mismos individuos quienes lo defienden enconadamente.

En una sociedad gobierna y manda e impone su orden quien controla las mentes de los individuos. De ahí que quienes ostentan el poder muestren tanto celo en mantener intactos los fundamentos emocionales básicos de ese control, y no dejen el menor resquicio a nada que los pueda mermar. A este fin se han aplicado siempre los censores e inquisidores de todas las épocas, quienes junto con los proselitistas han tenido la misión de mantener y consolidar la colonización mental de los individuos en bien del orden establecido.

Pero ocurre a veces que ese orden no es sino aparente; un ordenado desorden que sirve para esconder y si es preciso justificar cuanto de inaceptable hay en una sociedad; una falacia tan hábilmente tramada que ha calado hondo en el alma de quienes ingenuamente la comparten. Y cuando esto ocurre, todo cuanto se dice y se hace para desenmascarar tal mentira será un atentado al orden y a las buenas costumbres.

No es tan exagerada pues la frase de Salman Rushdie. Es más, yo la ampliaría y diría: si no hay libertad para ofender, no hay libertad de expresión ni posibilidad de cambiar el orden establecido.



miércoles, 6 de febrero de 2008

Arreglando la carga


Lleva ya este Grillo caminando más de un trimestre, y todavía da algún traspié de tanto en tanto. Nos preguntamos si será inmadurez o torpeza crónica, aunque me temo que tendremos que esperar todavía algún tiempo para diagnosticarlo. Pero sea como sea, habrá que seguir yendo hacia adelante, porque casi todo en la vida es como las bicicletas, que si se paran se caen.

Durante estas semanas transcurridas se han producido algunos cambios de formato y apariencia, pero no de “esencia”, si con esta palabreja entendemos aquello que hace que este espacio sea lo que es. Porque en esencia “La hora del Grillo” es o intenta ser un lugar para compartir inquietudes y sentimientos desde la contemplación del mundo con ojos distintos a los de quienes tan sólo piensan en «subsistir, gozar y medrar», que a nuestro entender es lo más primario en la estructura mental de una persona.

Conscientes de nuestra inexperiencia pero confiando en nuestra capacidad creativa, dijimos desde un primer momento que no sabíamos cómo hacer lo que estamos haciendo, pero que ya lo iríamos descubriendo. Y nos escudamos detrás de aquel refrán que dice «andando el burro se arregla la carga», el cual según se vio tiene diversas versiones en varios rincones del planeta. Bueno, pues eso hemos ido haciendo, arreglar la carga conforme hemos ido caminando. Caminando y cantando, porque esto es un grillo y no hay que olvidar que los grillos cantan.

Ahora tenemos ya un poco más claro nuestro recorrido, aunque no mucho. Sabemos a donde queremos ir e imaginamos el camino que buscamos, pero ni lo sabemos cierto ni de momento tenemos la sensación de haberlo hallado, pues avanzamos como los antiguos navegantes, mirando las estrellas por la noche y el Sol de día, pero sin brújula ni mapa ni ningún artilugio que nos sirva de guía.

Navegar de esta guisa es un peligro, y puede ocurrir muy bien que cualquier noche oscura acabemos estrellándonos. A menos que alguien desde donde se halle nos encienda alguna luz que nos señale donde están los escollos. Y se me ocurre que iría muy bien para este fin que quienes nos leen nos enviasen algún que otro comentario. O alguna nota por el correo oculto que hay en la columna lateral derecha justo donde pone EMAIL EN… VER TODO MI PERFIL. Pinchando allí aparece una ventana en la que entre otras cosas pone CONTACO y debajo Email. No hay más que pincharlo y escribir cuatro palabras diciéndonos qué habéis encontrado en este sitio que os invite a volver a entrar en él. Si es que lo hay, claro. Y aparte de lo hallado, qué os gustaría encontrar. Esto nos sería sin duda de gran utilidad para seguir avanzando.

Bueno, pues nada más por ahora, que ya tenemos claro que hemos pedido mucho. Que tengáis una feliz mañana o una feliz tarde o una feliz noche, según os pille. Y que la Luz, la Paz y el Gozo os llenen el alma.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/02/arreglando-la-carga.html

sábado, 2 de febrero de 2008

Desvarío


A golpe de corazón camina el mundo y se hace la vida, y cuando éste no late el cuerpo muere. Hierve la sangre con el calor del alma, del fuego que nos arde en las entrañas, en lo más hondo, cuando nadie lo apaga con desencantos o con tristes malas artes. ¡Y que poco avanzamos sin este fuego interno que nos mueve!

Pero ahí están los sabios, los prudentes, los que solamente miran por sus bienes y consideran a los demás mortales como bestias u objetos, animales domésticos para su propio uso, metiendo siempre de por medio a la “sabiduría”. Ahí nos vienen siempre con la “prudencia”, su gran arma secreta, antiquísimo escudo antimisiles, destructor de todo cuanto empuja y se mueve. Ahí están moderando el empuje del corazón, que moderar es la función primordial de la prudencia, del pensamiento sabio, ponderado, conservador por encima de todo, del que cuida que no vayamos a descarrilarnos.

¡Nada de brusquedades! Un balanceo suave, moderado, ora a la derecha ora a la izquierda, pero siempre en su sitio, sin rebasar los límites marcados por la propia conveniencia de quienes ejercen la moderación suprema.

Y a propósito de supremo, Dios de por medio, porque de él echan mano casi siempre los ambiciosos y los conservadores, los que ansían doblegar a la gente para así explotarlos con más facilidad y menos esfuerzo, y los que temen que algo se les vaya de las manos si el pueblo piensa y deja de temer a ese Padre Eterno creado por la mente de las gentes creyentes a imagen y semejanza del muy amado, temido y respetado terrenal padre. ¡Dios, qué tragedia! ¡Y Tú que según dicen nos enviaste a tu Hijo para que nos despertase la conciencia y nos revolucionara! ¿O no fue para eso? No sé donde habré leído yo algo de todo esto, de enfrentar hermanos con hermanos, padres con hijos… Soy mal cristino yo y tengo mala memoria, pero me suena que en algún evangelio Jesús dice que no vino a traer paz… O algo parecido.

Bueno, pues no. Una cosa es lo que dice el evangelio que Jesús dijo, y otra lo que piensa la clerecía que conviene. Que le conviene a ella y a sus gentes, que las otras no importan. Que hay demasiada gente en el mundo, y no están de más las guerras y las enfermedades y el hambre de los otros. ¡Qué desvarío! Bueno a veces desvariamos los humanos de madrugada, ¡pero de día…! ¿Será que el desvarío me ha venido de leer las noticias de esta semana? El presidente de Francia predicando sumisión y religiones en vez de libertades y República; obispos católicos españoles, supuestamente cristianos, recomendando votar a partidos fascistas, intolerantes, violentos... ¿Un nuevo golpe militar, si pudieran…?

Lo dijo Jon Sobrino: «la salvación del mundo está en los pobres». Bueno, yo no lo creo. No creo que a este mundo lo salve nadie. Pero no es cosa de creerlo sino de hacerlo, de vivirlo a golpe de corazón como toda la gente que lucha aun sabiendo que poco se puede hacer en esta vida sino luchar para avivar el fuego que nos arde en lo hondo del alma, en lo más nuestro, para que no se apague, aunque en ello nos vaya la misma vida. «No temáis los que matan el cuerpo…». Pues aunque no lo crea, si encuentro ese escrito de Sobrino que debo de tener metido en alguna carpeta lo pondré en este sitio, para que quien quiera alentar todavía su esperanza y su lucha y su fuego interno se lo lea.

Y ahora cierro, termino, que ya es hora de acabar con tanto desvarío.

Que la Luz os guíe, y que el Gozo y la Paz os sean estímulos, no opio para el alma.




miércoles, 30 de enero de 2008

La injusticia


Recuerdo que cuando oí por primera vez «más vale padecer injusticia que cometerla» y me dijeron que lo decía Sócrates, me sonó a disparate. Y eso que no soy hijo yo de casa rica ni de gente allegada a explotadores. Pero podía en mí todavía el egoísmo, la idea de librarme de trato injusto aun a costa de quien fuese. Debe de ser sin duda la reacción más primaria que tenemos los humanos, la instintiva, la que más pronto aflora, la más difícil de superar, y la que sin duda predomina mayoritariamente en nuestra especie a medio evolucionar.

De Sócrates acá llovió bastante en casi todo el mundo, pero este primitivismo que acabamos de ver sigue en vigor en nuestra “Civilización Cristiana de Occidente”. Véase si no quienes gobiernan, del modo que lo hacen y en beneficio de quienes están llevando a cabo su cometido. Ni un ápice de humanidad se atisba en sus acciones. Es evidente que les mueve tan solo la defensa de los intereses materiales de quienes promocionan su carrera política, lo que equivale a decir sus propios intereses.

Viendo este proceder de la clase política y la de la mayoría de las personas y organizaciones que participan en la vida pública, resulta difícil pensar que hubo un tiempo en el cual florecieron ideales que hicieron avanzar en humanidad al mundo de Occidente. Y resulta todavía más doloroso pensar que eso no ocurrió en la prehistoria sino en tiempos que quienes ya tenemos cierta edad consideramos cercanos. La sensación que nos asalta al considerar estos hechos, es la de que una vorágine universal nos está engullendo. Y no es temor, que pocas cosas se temen cuando ya se llevan encima algunos años y no se tiene el estímulo de responsabilidades personales, sino que es desconsuelo, un hondo sentimiento de derrota.

Cuesta hoy creer en la posibilidad de un mundo más justo y más humano, porque es evidente que esa idea es ajena a la mayor parte de la clase política del mundo entero, con lo cual si alguien la tuviese tendría que enfrentarse a mucha gente poderosa para llevarla a cabo. ¡Ardua tarea! Pero aun sin esperanza de ver otra cosa antes de cerrar definitivamente los ojos, pequeños triunfos que día a día se consiguen con sacrificio y tenacidad como la que muestra Patricia Troncoso y quienes están con ella nos muestran que todavía hay pueblos y personas con el alma despierta y la conciencia clara de que es la lucha el único camino, y el único sentido de la vida la dignidad humana.

El mundo está lleno de miseria, de gentes ambiciosas y malvadas de escasa humanidad que siembran sufrimiento en todas partes para satisfacer su ego. Pero también hay mucha humanidad entre los más humildes, personas dignas, solidarias, tenaces, dispuestas a luchar hasta el final por lo que creen justo. Ahí está la esperanza. Hagámosle un sitio en nuestro ánimo.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/la-injusticia.html

viernes, 25 de enero de 2008

Capar al pueblo


No es cierto que los pueblos tengan los gobiernos que merecen. Los pueblos los hacen quienes los rigen, al igual que las familias. No son los hijos quienes dan el nivel humano de una familia sino la calidad humana del padre y de la madre y de los demás miembros adultos cuando los hay. Son los de arriba quienes orientan y crean el ambiente adecuado para que los hijos crezcan con la mente bien configurada, con capacidad para pensar y discernir, con valores humanos en el corazón. No podemos esperar que de unos padres irresponsables y egoístas que tratan a sus hijos con desamor salga una prole ejemplar por sus virtudes, su empatía, su solidaridad, su capacidad de comprender a los demás, su disposición y buen ánimo para echar una mano cuando haga falta... No, no es posible esto, porque sin duda alguna el amor se engendra con amor, la honestidad con honestidad, el espíritu de trabajo y sacrificio con el ejemplo constante de los mayores, y la capacidad de pensar y de reflexionar con la forma de abordar los conflictos que se ha mamado en el hogar. Y es bien sabido que de padres maltratadores y represores salen hijos de idéntico talante. Salvo contadas excepciones, la chusma engendra chusma. Hasta el refrán lo dice: «de tal palo, tal astilla».

¿Que podemos esperar, pues, de un pueblo que generación tras generación ha estado mayoritariamente gobernado por desalmados sátrapas, por gentes sin el menor atisbo de moral, por oportunistas sin escrúpulos, por cínicos embusteros que mienten reiteradamente sin la menor vergüenza, por políticos que basan el triunfo en la habilidad para embaucar y confundir? ¿Qué esperaríamos de unos hijos que creciesen en un hogar regido por unos padres que respondiesen a estas características?

No hace falta ser un lince ni pensar mucho para darse cuenta de que otra cosa no ofrecen los gobiernos de turno a sus gobernados sino llenarles el vientre, hincharles la mente de vanidad y consumismo, distraerles con todo género de circo, y molerlos a palos cuando se manifiestan o no pasan por el aro.

Normas cada vez más arbitrarias impuestas con el pretexto de protegernos que no son sino formas alambicadas de capar al pueblo, de someter a la ciudadanía a la voluntad de quienes gobiernan y de sus subalternos. Normas que reducen cada vez más la iniciativa personal en beneficio de la obediencia. Represión y castigo en vez de una acción pedagógica encaminada a hacer personas responsables. Instrucción escasa y utilitarista, en vez de educación. Y para rematarlo, la “Ley del Embudo” como norma suprema.

Esto es lo que he visto desde que tengo uso de razón. Y lo sigo viendo. Y que no me venga nadie con monsergas, que no sé yo de gobierno ni partido que muestre por estos pagos otras opciones. ¿Qué se puede esperar de un pueblo gobernado de este modo? Salvo honrosas y excepcionales minorías, gente vacía, sin alma y sin conciencia.

Cuando en algún momento a lo largo de la historia han surgido personas con verdadera talla humana, con dignidad, con sentido del deber, con afán de construir un mundo más humano y más justo, los pueblos por ellas gobernados han avanzado en cultura y humanidad. Pero esto ha sido tan sólo en períodos muy breves, pues lo que fundaron esos espíritus verdaderamente humanos fue heredado cuando no usurpado por títeres sin cerebro ni conciencia que en un santiamén redujeron a escombros cuanto con ilusión y esfuerzo había sido construido.

Hoy los gobiernos disponen de medios y de tecnología que les permite llevar a cabo con eficacia la sumisión del pueblo y su manejo. Televisores con pantallas cada vez más grandes, programas cada vez más imbécilmente seductores y consumismo a chorro para idiotizarnos. Cámaras y sistemas de vigilancia cada vez más eficaces y cuerpos de policía cada vez más numerosos y desalmados para implantar la tolerancia cero a cualquier intento de rebelión y a toda violencia que no sea la ejercida por el Estado. El “Mundo feliz” de Aldux Husley y “El final de la violencia” de Wim Wenders conjugados en presente, puestos ya al día en nuestra realidad gracias a los avances de la tecnología. Pero en la mente de quienes nos gobiernan, sean del color que sean, no hay más que una sola idea: someter al pueblo y explotarlo.

Para ser sincero debo decir que, salvo en los medios, cada vez veo menos diferencia entre los tiempos de la dictadura que me tocó vivir y los que ahora corren.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/capar-al-pueblo.html

miércoles, 23 de enero de 2008

Rabia


Ayer publicamos en “La hora del Grillo” un comunicado lamentable referido a Colombia, y hoy otro también tristísimo sobre la gravísima situación de Patricia Troncoso Robles. Y aunque dada la poca difusión que tiene este modesto “Grillo” y el reducido número de personas que entran a leerlo de poco sirven estas publicaciones, cabe pensar que poco es algo más que nada. A título personal tengo que confesar que a mí me sirvieron para llenarme de rabia, de esta rabia que ahora hace que mis dedos caigan sobre las teclas mientras murmuro entre dientes ¡qué asco de mundo hemos hecho los humanos!

Porque quienes no sabemos de teologías ni tenemos gana alguna de saberlas, tenemos bastante claro que somos nosotros, los humanos, quienes hemos hecho este infierno que ahora compartimos con los amos del mundo, unos en calidad de señores y otros en la de esclavos o por lo menos vasallos. Y digo a plena conciencia «hemos hecho», porque estoy convencido de que sin nuestra colaboración los poderosos nada pueden. Somos las gentes con el alma dormida y anestesiada la conciencia quienes damos soporte a su maldad con tal de conseguir nuestro miserable «plato de lentejas».

Mientras me ocupaba en postear el escrito me sonaba extraña la pregunta que se hace o nos hace el valeroso cura que denuncia lo de Colombia: «¿Dios cuenta en nosotros con aliados incondicionales, hasta la muerte, para construir su mundo?»

Me quedé un buen rato pensando después de leerla, si las personas religiosas no debierais plantearos muy seriamente en que medida vuestras creencias no han contribuido a este estado de cosas al disociar el pensamiento religioso del profano. Marta y María, dos mundos completamente separados. Marta entregada con afán a los preparativos de la cena mientras María contemplaba embelesada a Jesús. Me pregunto si María no participaría luego de la mesa que preparó Marta, si se quedaría todo el tiempo contemplando a su adorado Maestro o si tomaría alguno de los alimentos que había preparado su hermana, la materialista, la que atendía las necesidades corporales antes que las espirituales. De ser así, haría como la mayoría de los clérigos que conozco, que viven para cuidar su espíritu y el de quienes les rodean, pero comen gracias al sudor de quienes escuchan sus sermones, y del de quienes no los escuchan ni quieren saber de ellos. Marta y María disociadas al extremo, hasta la pura esquizofrenia cuando coexisten en una misma persona o en una institución eclesiástica como las que por acá conocemos. Culto divino por encima de todo. Opción por los pobres en el mejor de los casos. Connivencia con los poderes terrenales, siempre, por lo menos en las altas esferas. ¡Oh Dios, si existes, qué incomprensible eres! Si más no para mí.

No quisiera que esta expresión mía de rabia que brota de mi indignación profunda escandalizase ni hiriese a ninguna de las personas que leéis este espacio. Pero no puedo por menos que clamar en contra de quienes desde el poder eclesiástico permanecen quietos y silenciosos, con una quietud y un silencio que les hace cómplices de este permanente terrorismo contra la población más pobre y desprotegida del mundo que llevan a cabo los estados que se autodenominan democráticos y civilizados.

«¿Quién está dispuesto a venir a Tumaco para ayudar?», preguntaba ese pobre cura. ¿Cómo va a estar dispuesto nadie a ir derecho a la muerte a menos que vaya en ello la vida de sus seres más queridos?, me pregunto yo.

No sirve, en mi opinión este cristianismo cultista y mistérico para cambiar el mundo. No sirve porque no es creíble ya para la mayoría de las gentes. Y para las que creen, éste es un «valle de lágrimas» y la felicidad verdadera va a estar en la otra vida, en un más allá que hallaremos después de la muerte. ¡Qué pena! ¡Qué pena más profunda y qué rabia!

domingo, 13 de enero de 2008

Templos a la Utopía

¿Acaso espera alguien cosechar sin riegos ni cultivo?


Decía, no hace mucho, Leonardo Boff en una conferencia que la función de las religiones no es gobernar sino «generar utopía». No me sorprendió un pensamiento tan franciscano en él, pero quedó resonando en mi mente, acorde con otro expresado por Jon Sobrino, del cual tuve noticia unos meses antes, que decía «la salvación de la humanidad está en los pobres». ¡Dios! No me extraña que a punto estuviesen desde Roma de anatemizarlo. Porque ¿puede alguien elogiar la pobreza sin menoscabar la dignidad de la jerarquía eclesiástica vaticana?

Es evidente que el mundo se ve distinto según el lugar desde el cual se mira. «Dime como vives y te diré como piensas». A nadie instalado en la opulencia de occidente se le ocurriría nada parecido. Ni que la salvación del mundo esté en los pobres, ni que la función propia de la religión sea generar utopía. Porque ¿cómo atisbar ni que sea de lejos la utopía estando de pragmatismo hasta las cejas? Y ¿como confiar en la pobreza pensando solamente en la riqueza?

A veces, no muchas por desgracia, la vida nos sorprende con pensamientos o hechos fuera de lo corriente. Son instantes que calan en nuestra mente y que nos cuestionan desde lo hondo del alma nuestras más importantes certezas. Poca cosa estas breves interpelaciones al lado del lavado de cerebro permanente a que nos somete el sistema, pero mucho si se tiene en cuenta lo difícil que es en el mundo actual acceder a un zarandeo emocional del orden que sea, pues vivimos la mayor parte del tiempo con el alma dopada, anestesiada la conciencia, impermeables a todo cuanto pueda perturbar nuestro seguro caminar por las vías que los amos del mundo nos tienen señaladas.

En el mundo actual, pensar distinto suele comportar riesgo. Vivimos esclavos de quien manda, y tiramos del arreo al que estamos sujetos como el burro en la noria. Hoy como ayer, aceptamos la voluntad soberana de los amos sin cuestionarla apenas, y aun pensando las más de las veces que eso es lo mejor de todo lo posible. «No hay cadena más fuerte que la forjada en la mente del esclavo». Seguimos nuestra ruta ciegamente, sin rebeldía alguna, aceptando con sumisión cuanto nos carguen y echando a andar a la primera voz del arriero, antes de que nos caiga el palo sobre el anca. ¡Dios! ¿Dónde quedó la dignidad humana?

Pienso que lo más grave que le puede ocurrir a un ser humano es conformarse a pensar «como Vicente, como piensa la gente», sin atreverse a imaginar algo distinto de lo que siempre ha visto. Tomar por bueno el pensamiento establecido sin cuestionarlo por temor a quedar fuera del sistema y no poder gozar en adelante los beneficios que comporta la “integración”, eufemismo que sirve para designar de forma aceptable el aborregamiento. Y justamente es esto lo que ocurre de un tiempo para acá. Hay un consenso general en todo el mundo sobre el orden de valores, y no hay nadie con entidad y fuerza que se atreva o que quiera cuestionarlo. Ni gobiernos, ni iglesias, ni partidos políticos, ni intelectuales siquiera no fuese que perdiesen sus prebendas. ¿Quién va a alimentar pues la Utopía que late en lo más hondo del corazón humano y que nos ha traído hasta el lugar que estamos desde las ya remotas y olvidadas cavernas?

Debiera haber un templo a la Utopía en cada barrio y en cada pueblo, igual que hay iglesias, bibliotecas, escuelas, gimnasios, piscinas, campos de fútbol y polideportivos. Un templo con las puertas abiertas a todo el mundo que se atreva a entrar con el alma desnuda de prejuicios y arrogantes creencias. Un templo donde rendirle culto a la bondad, a la gratuidad, a los nobles sentimientos, a los deseos generosos. Un templo con liturgias humanas motivadoras, activas y plurales, al margen de cualquier religión e ideología. Un templo donde hacer volar el corazón como una cometa a la brisa del alma, de esa dimensión de la persona que nos caracteriza como seres humanos. No sé de qué modo es posible construirlo y tenerlo en activo, pero sé que hay que hacerlo. Hay que hacer esto porque difícilmente se dan cosechas sin cultivo, y raramente crecen flores sin que alguien las riegue.

OTRO MUNDO ES POSIBLE, OTRA VIDA INTERIOR ES NECESARIA.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/templos-la-utopa.html

Publicado el 7/7/2007 en KAOSENLARED
http://old.kaosenlared.net/noticia/templos-a-la-utopia

viernes, 11 de enero de 2008

Espiritualidad “no religiosa” en la educación básica


«El porvenir está en manos de los maestros de escuela»
                                                                        Víctor Hugo

Sería interesante saber qué tenía en mente Víctor Hugo cuando pensaba esta frase, qué entendía él por “porvenir”. Dudo que estuviese imaginando el mundo tal como ahora lo tenemos. Pero pensase lo que pensase, estoy completamente de acuerdo con él, en el sentido de que el futuro de la humanidad depende de la educación básica que de modo general se imparta en el mundo. Principalmente en el que goza de un mayor nivel científico y técnico, pues como ya he manifestado en alguna ocasión, es muchísimo más peligroso un ingeniero que un herrero cuando ambos ejercen su profesión con una total carencia de valores humanos.

Supongo que la mayor parte de las personas que me lean estarán de acuerdo conmigo en que el nivel humano de una persona no se mide ni por su por su coeficiente intelectual ni por el nivel de instrucción que posee, sino por sus actitudes y conducta frente a las demás personas. El lenguaje común es muy explícito en este sentido cuando trata de inhumano a alguien que se comporta con crueldad. Aunque al paso que vamos, tal vez esta idea tenga poco futuro en el pensamiento colectivo.

El nivel de una sociedad lo da la educación que recibe la ciudadanía. Los principios que rigen la vida de las personas dependen en gran parte de la educación que han recibido, la cual si no es determinante sí que es condicionante. Una sociedad que no educa a sus miembros sobre la base de valores humanos, en el sentido de la responsabilidad y del compromiso, será una sociedad lacia, irresponsable, individualista e inhumana. Es responsabilidad del Estado poner al alcance de toda la población los medios necesarios para su educación, y también lo es asegurarse de que ésta sea plenamente humana y humanizadora.

Pero ¿qué educación es la que predomina en el mundo occidental? Todo occidente tiene sistemas educativos utilitaristas, configurados según conveniencia del sistema económico que impera. Ciudadanos principalmente dóciles, instruidos, aptos por encima de todo para el consumo y la producción de bienes. Esto es lo que conviene al sistema, y otro fin no parecen proponerse los contenidos curriculares de la escolarización básica. Y en consecuencia, otra cosa no desea la mayoría de la población, que sin más valores que el goce inmediato y el éxito personal es incapaz de ver hacia dónde se encamina la humanidad entera.

A nadie se le esconde que el modelo occidental de vida es completamente materialista. Hay en él una ausencia absoluta de valores humanos, de dimensión espiritual. Que conserve en su seno algunos trazos de tradición religiosa, es del todo irrelevante. Las religiones mayoritarias del mundo occidental se centran hoy como en los viejos tiempos en el culto divino y en la predicación de sus creencias, pero para nada se proponen enfrentarse seriamente a la acción deshumanizadora del sistema, y menos aun darle la vuelta. Tal vez porque al igual que los gobiernos del mundo rico las instituciones que las lideran están atrapadas en él, y de él dependen para su subsistencia. Por lo cual, sin negar la utilidad que puedan tener a título personal, ni los beneficios que algunos grupos humanos puedan obtener de la caridad de personas religiosas, me atrevo a decir que no sirven para sacar al mundo del callejón sin salida en el que lo ha metido la desmesura capitalista.

Hace falta y sin duda urge una educación básica que ponga por delante la dimensión humana de la persona. Una educación que nos lleve a considerar lo espiritual, lo que está más allá de la pura materialidad, de la necesidad egoísta y primaria. Una educación básica centrada en una idea de lo espiritual actualizada, universal, libre de dependencias religiosas, que pueda ser aceptada por personas creyentes de diversas religiones y por las no creyentes, agnósticas y ateas. Pienso que quienes deseamos un mundo más justo y más humano debiéramos tener muy presente esta idea, esforzándonos cuanto podamos en difundirla, a fin de que la conciencia colectiva de una buena parte de la población reclame algún día este cambio sustancial en los planes de enseñanza.

OTRO MUNDO ES POSIBLE, OTRA EDUCACIÓN ES NECESARIA

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/espiritualidad-no-religiosa-en-la.html

miércoles, 9 de enero de 2008

El blog de Luis Alemán Mur


Me encanta el lenguaje de este hombre. Me gusta lo que dice y como lo dice. Me gustó ya cuando leí “La ingenuidad de Jesús”, y me sigue gustando ahora que un amigo me ha pasado la dirección de su blog y puedo leer a gusto. Sólo le encuentro un pequeño inconveniente, y es que él es cristiano de corazón y de pensamiento, y yo lo soy de corazón pero no de pensamiento. Puede parecer solamente un detalle, pero no lo es, tiene más importancia de la que parece.

Casi todo lo que dice en su blog lo encuentro razonable y muy útil para quienes siguen profesando la fe cristiana. A mí me hubiese ido muy bien oírlo o leerlo cuando todavía era creyente. Me hubiese ahorrado un trastorno emocional importante, y posiblemente hubiese agilizado el proceso mental que con el tiempo he ido haciendo. Pero bueno, las cosas son como son. En mi actual estado de conciencia, y a nivel colectivo en el mundo actual, las discusiones teológicas me parecen intemporales. Y por muy interesantes que desde una óptica religiosa puedan ser, y útiles para quienes todavía creen, me traen inevitablemente a la memoria la fábula de “los dos conejos”.

Pienso que el mundo es cada vez menos religioso, y que el cristianismo no tiene ya mucho peso en él, por más que todavía haga ruido. Y la verdad es que esto me preocupa. Me preocupa por lo que escribí hace ya algún tiempo: «donde antes hubo los curas ahora está el televisor, vamos de mal en peor». Me preocupa que una realidad tan evidente le pase desapercibida al mundo religioso, o lo que es peor, que aun viéndola siga empecinado en un discurso y un lenguaje cada vez más incomprensible, referido siempre a un Dios en el que ya casi nadie cree. Me preocupa este atasco mental de orden operativo, y no veo que la teología de avanzada pueda servirle de mucho al mundo, por más que se oponga a la de los teocons vaticanos y otros fanáticos y fariseos. El mundo no se rige ya por el pensamiento religioso. Las creencias que cada cual profesa no determinan su forma de vivir. Ésta se la impone el sistema. Y con ella nos impone el pensamiento. «Dime como vives y te diré como piensas».

No obstante, bienvenido sea todo cuanto sirva para hacer pensar y liberar de esclavitudes a las mentes. Bueno es disparar andanadas contra los muros del inmovilismo. Algo se habrá ganado si se abre alguna brecha. Si más no a nivel personal. Pero también en el colectivo, porque cuanto más razonada tengan su fe las personas creyentes menos manipulables serán por quienes de la religión hacen su modus vivendi, su peana para encumbrarse. Y en último extremo, siempre es mejor un pensamiento religioso razonable que la bobaliconería sumisa y supersticiosa que me predicaron a mí de niño y que todavía profesa mucha gente.

O sea que de todo corazón, ahora que he dicho ya en voz alta lo que me va por dentro, os animo a que entréis en esta interesante página web que es feadulta, y que además de leer en ella cuanto os plazca paséis al blog de Luis Alemán.

Ahí va el enlace. http://www.feadulta.com/

Que lo gocéis.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/el-blog-de-luis-alemn-mur.html

martes, 8 de enero de 2008

No es tiempo de certezas


No es tiempo de certezas, sino de búsqueda. De abrir el corazón de par en par y contemplar el mundo con los ojos del alma, para ver más allá de la apariencia. De ponerse en presencia de la propia conciencia para hallar lo sagrado que anida en lo más hondo de cada ser humano.
                                                                                   La hora del Grillo


Este breve texto que figuró durante unos días bajo la cabecera de este blog es a un tiempo una invitación a la duda y a la búsqueda personal. Una búsqueda que sólo tiene sentido a partir de la honestidad y del deseo de autosuperación humana, puesto que no es fácil ni cómoda ni lleva a situaciones socialmente confortables.

Pienso que una de las facultades del ser humano es la de intuir lo que no sabemos. Y que todo nuestro conocimiento parte de esta facultad. Durante siglos, las religiones han querido dar razón de todo cuanto inquietaba al ser humano basándose en la intuición, y lo han expresado mediante símbolos porque otro medio no tenían. Luego intentaron consolidar esos símbolos mediante el discurso racional, y ahí se perdieron. La ciencia, a medida que fue avanzando, empezó a discutir esas explicaciones, pero intuyo (hay quien lo afirma) que fue más por el uso interesado que las instituciones religiosas hacían de ellas que por ellas mismas. A partir de ahí, religión y ciencia entraron en una espiral de arrogancia que ha sido nefasta para ambas, y por supuesto para el desarrollo del conocimiento que los humanos tenemos de nuestra propia persona.

Hoy, parece que ese necio enfrentamiento va remitiendo, pues cada vez hay más personas tanto en el mundo religioso como en el profano que empiezan a valorar ambas formas de conocimiento. Pero esta actitud, que me parece razonable y casi me atrevo a decir sabia, lo primero que hace es echar por el suelo las “seguridades” de las que se habían rodeado tanto la religión como la ciencia, especialmente la primera. Este desmantelamiento de dogmas y principios inalterables deja desamparadas a no pocas personas que tenían su confianza puesta en la tradición religiosa en la cual crecieron y en las personas que se la transmitieron, y me atrevo a afirmar que es causa de no pocas angustias. Angustias que las instituciones que lideran el panorama religioso no se esfuerzan en aliviar, sino al contrario, ya que viendo amenazados sus intereses terrenales por esta creciente desconfianza ante su doctrina, se encasillen en sus trece y se enrocan al amparo del poder político de turno. Allá ellas, pues con esta actitud van a perder lo que más fuerza les ha dado siempre, que no es otra cosa sino el dominio de las conciencias.

La idea generadora de este sitio web no es otra sino la de facilitar la búsqueda de compañía para este viaje interior que muchos y muchas venimos haciendo. No es la polémica nuestro plato fuerte, pues no pretendemos sentar cátedra de nada ni desbancar a nadie, pero esto no significa que no tengamos que poder expresar nuestras personales opiniones, sino todo lo contrario, ni tampoco que nadie vaya a cuestionar lo que en ellas se afirme. Hay verdades universales y certezas personales, y los humanos vivimos más de estas últimas que de las primeras, por lo cual merecen éstas el mayor respeto. Aunque también es cierto que a menudo las certezas personales no son sino puro mimetismo, repetición irreflexiva de lo que en su día nos colaron en la mente. Lógico, pues somos parte del entorno en el que hemos crecido.

Darle la vuelta a lo establecido es pues darse la vuelta, y esto, como dijimos al principio, además de difícil puede ser doloroso. Y es por esto que una de los principales fines que se propone este espacio es el de acompañar en ese dolor a quien pueda sufrirlo, y ayudarnos mutuamente a ir construyendo un entorno menos dogmático y menos opresor.

¡Ánimo pues! Hagamos nuestros aportes con ganas y sin temor. Nadie puede caminar a solas por la vida. Necesitamos ayudar para ayudarnos.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/no-es-tiempo-de-certezas.html

domingo, 6 de enero de 2008

Solsticio de diciembre


Hemos puesto mojones en la mente para acotar las órbitas de los astros, mientras ellos lejanos, inalcanzables, giran indiferentes a nuestro pensamiento. Construimos con ideas el universo que imaginamos y vivimos, y nos valemos de lenguajes y símbolos para comunicarnos y compartirlas y así alzar torres afines, para evitar la dispersión y el caos y andar conjuntamente, con ritmo firme y temperada armonía. Es absolutamente necesario este compartir, puesto que somos gregarios los humanos y no podemos vivir en solitario.

Hace unos pocos días, el planeta Tierra, esta nave común que nos transporta, nos nutre, nos da vida y nos lleva en sus brazos como una madre lleva a las tiernas criaturas que ha parido, acabó un trayecto alrededor del Sol y comenzó otro, según el circuito que imagina la civilización cristiana de occidente. Lo celebramos, como solemos celebrarlo casi todo los humanos, echándole alegría. Le pusimos alegría a esas fechas previamente marcadas, como venimos haciendo desde hace siglos, pues nos hacen falta gozos que nos suban el ánimo y nos ayuden a apurar los malos tragos que a menudo nos aporta la vida.

Celebraciones hay siempre para todos los gustos y pensares y modos de vivir o de andar por la vida, y cada cual elige la forma que prefiere. Yo celebré el cambio de año en un monasterio, invitado por una amiga monja benedictina, mujer sabia y bondadosa, a quien aprecio. Cantos gregorianos e hindúes alternando con Dvořák y Manu Chao, Nuevo Mundo y Clandestino como música de fondo de impactantes imágenes proyectadas que mueven a reflexión sobre lo que sucede en el mundo que habitamos y hacemos. Luego un largo silencio a cielo abierto, en plena noche, contemplando el firmamento lleno de estrellas.

¡Cuan lejos nos hallamos aún de comprender el profundo misterio que anima el universo! Llevamos siglos contemplando los astros y observando sus giros, y no sabemos todavía de donde procede la energía que los mueve y los llena de vida.

Pero el afán de saber, consubstancial a la humana natura, nos ha animado siempre y nos anima a superar sin tregua nuestros límites. Y llenos de ambición y no poca soberbia exploramos con los medios que tenemos el universo y la faz de la Tierra, y hurgamos sus entrañas sin piedad, y sin respeto alguno nos apropiamos de cuanto de real produce y su seno alberga para construir este mundo irreal, imaginario, de dinero y poder que nos seduce. ¡Qué mal usamos nuestra mente los humanos! Nos mecemos en paraísos de ensueño mientras convertimos la realidad en un infierno.

Llevamos ya unos días del año 2008. Han entrado en vigor nuevas leyes y normas que sirven principalmente para tenernos más sujetos a los designios de quienes atentos a los intereses de los ricos del mundo nos gobiernan. Alguna cosa habrá, posiblemente, que beneficie a quienes nos hallamos a mitad de camino entre la riqueza y la pobreza extrema, pero muy poco en favor de quienes se hallan más abajo. Y puede ser que incluso lo haya en su contra. Pero unos y otros vamos a cargar en pocos años con los destrozos que este paraíso imaginario inflinge a la Tierra. Talas masivas, destrucción de forestas y glaciares, envenenamiento de ríos y de lagos, y aun de mares, destrucción de la atmósfera, intoxicación continua del aire... Y a nivel humano injusticia, desigualdad, explotación, guerras de rapiña y genocidio demente. Y lo que es peor: una forma de vivir que anula el pensar y coloniza la mente desde lo más profundo. Deshumanización continua y programada de las masas en beneficio de unas minorías que dictan una ideología irracional y destructiva. ¡Qué mal augurio para este año que empezamos!

Pero no queremos gastar nuestro tiempo en lamentos más de lo justamente necesario para tomar conciencia. Vamos a entonar cantos “cucubanos” que nos animen a movernos en pos de la Utopía. (Y que nadie confunda estas pequeñas luces de luciérnaga con un nuevo espejismo). Vamos a tratar de mirar en derredor con otros ojos, de llenar al completo nuestra mente, corazón e intelecto, con razones distintas de las que nos imbuyen quienes con su poder de persuasión pretenden que aceptemos su forma de vivir como si fuera buena. No es éste el mejor mundo posible. No lo es para las gentes más desfavorecidas, pero tampoco para quienes por vivir con suficiente confort lo aceptan ciegamente. Y tampoco lo es, aunque lo crean, quienes lo imponen a la fuerza. Un mundo que camina ciegamente hacia su destrucción no es bueno para nadie. Necesitamos otra forma de vivir mucho más humana, y es tarea nuestra soñarla, pensarla y realizarla.

OTRO MUNDO ES POSIBLE, EMPECEMOS AHORA A REALIZARLO.

http://bibliotecadelgrillo.blogspot.com.es/2008/01/solsticio-de-invierno.html