domingo, 26 de septiembre de 2004

Educar a partir del alma... o seguir en la barbarie

Mientras de nuestras escuelas no salgan jóvenes que crean firmemente que el cielo y el infierno lo hacemos los humanos aquí en la tierra con nuestra propia conducta, no educaremos, y seguirá siendo estéril el trabajo docente.


Terminábamos la semana pasada con una pregunta que ahora quiero rehacer ¿Qué le falta o que le sobra a nuestro Sistema Educativo para que pueda contribuir a humanizar nuestra sociedad?.

Pues bien, a mi ver, le falta CONCIENCIA DE HUMANIDAD, esa peculiar configuración de la mente que nos hace sentirnos parte del COSMOS y miembros de la GRAN FAMILIA HUMANA  (o parte de la creación e hijos de Dios, para quienes prefieran el tradicional lenguaje religioso)  y que nos lleva a entender que nuestro destino está inexorablemente unido al de los otros seres con quienes compartimos esta gran casa común que habitamos que es el planeta Tierra. Y que cuando la atmósfera llegue a ser irrespirable, y las aguas estén completamente contaminadas y la tierra saturada de radioactividad, en el mundo ya no habrá más vencedores ni vencidos, sino que todos seremos víctimas de la CODICIA y la IRREFLEXIÓN que ahora nos gobiernan.

Y por toda esa razón les sobra a nuestros programas educativos, sin lugar a dudas, Utilitarismo, esa forma miope y egocéntrica de pensar y de enseñar a aprender que sólo lleva a hacernos siervos del inhumano sistema capitalista que nos domina. ¿O es que hay algo más inhumano que la ley del más fuerte?

Me parece evidente que el neoliberalismo capitalista que nos rige es un auténtico materialismo ateo, esa expresión peyorativa con la que los obispos y curas del nacionalcatolicismo condenaban a ultranza al comunismo, a un comunismo que por lo menos habla de justicia social, de igualdad de oportunidades, de repartir pobreza si se quiere, pero de repartir al fin y al cabo, algo que ni le pasa por la cabeza a una mente capitalista. Materialismo ateo y despiadado es este sistema que nos rige y que nos empuja inexorablemente a la Codicia y al Egoísmo más inhumano, por más catecismos y zarandajas religiosas que le pongan de por medio las iglesias cómplices.

Claro que esto lo digo yo desde un posicionamiento antisistema, pero desde una óptica afín al orden establecido, con el alma refocilándose en la materialidad del más compulsivo hedonismo, difícilmente puede verse así. Y da igual que quien lo mire sea de derechas o de izquierdas, porque por más que maticen el discurso unos y otros, en la pura y dura realidad se está por el espíritu o por la materia, pues que la vida es opción, y no hay más.

Ya lo dijimos cuando comentamos los tres niveles de humanidad que definía Nikos Kazantzakis «1r nivel) Comer, beber, gozar y conseguir fama y dinero. 2º nivel) Compartir, ser solidarios. 3r nivel) Poner el espíritu por delante de la materia». Ya me conformaría yo con que educásemos para hacer personas que viviesen en el segundo nivel, si eso fuese posible sin tener como objetivo final el tercero. Pero ni aun para el segundo educamos, porque con los programas educativos que se siguen en nuestras escuelas, no pueden salir de ellas nada más que hombres y mujeres con un ideal de vida basado en la primera opción. Y eso tanto si rezan como si no rezan, si van a misa como si no van, si creen que irán al cielo cuando mueran o si piensan que al final se pudrirán como cualquier otro ser orgánico. Mientras de nuestras escuelas no salgan jóvenes que crean firmemente que el cielo y el infierno los hacemos los humanos aquí en la tierra con nuestra propia conducta, no dejaremos de trabajar los docentes para hacer miembros del primer grupo de la clasificación: hombres y mujeres que solamente piensen en «comer, beber, gozar y conseguir fama y dinero». Y con ellos, el mundo seguirá por los mismos derroteros de injusticia y horror apocalíptico por los que ahora deriva.

Supongo que quien me lea me tomará por un iluso. Bien, está en su derecho, porque al fin y al cabo, vistas las cosas desde donde las ve la inmensa mayoría de la población, todo esto que digo no deja de ser una quimera. Pero yo pienso que la Utopía es posible, y que si bien casi todos los políticos acaban haciendo lo mismo, no todos son iguales, y los hay más humanos que otros. Y con sólo que hubiese como responsable de la educación estatal una persona con la cabeza clara y con Conciencia de Humanidad bastaría para que ese cambio de orientación fuese posible. ¿Que posiblemente lo haría en medio de la total incomprensión? Casi seguro, pero puesto que ese cambio que propongo no significa ningún cataclismo porque no exige en un principio derrumbar nada, la oposición que pudiese encontrar sería sin duda alguna fácilmente llevadera.

Pero aun lo voy a poner más al alcance de la mano. Tan sólo con que al frente de una escuela haya personas con Conciencia de Humanidad ya es posible darle un giro importante a todo el proceso educativo que allí se sigue. Y eso, a mi ver, no es mucho pedir, pero sí mucho alcanzar.

Da pena ver como nuestras escuelas desperdician día a día la oportunidad que tienen de ejercer esa docencia humanizadora que desde las más diversas instancias se está reclamando con urgencia. Organizaciones de todo orden, ecologistas, pacifistas, de derechos humanos, incluso alguna religiosa (de éstas, pocas, porque la mayoría están por el sistema) no paran de lanzar continuamente gritos de alarma.

El mundo se hunde. La Humanidad navega a la deriva. Y nuestras escuelas siguen sin poner el Espíritu en el primer plano del proceso educativo. Sin duda, va a seguir la barbarie.

Kaosenlared. Opinión  26.09.2004 

sábado, 18 de septiembre de 2004

Universo mental

No hay mayor esclavitud que aquella que se fragua en la propia mente, pero tampoco hay mayor impulso de libertad que el que de allí procede


Vivimos los humanos al impulso de nuestras fantasías, y son ellas, sin duda, quienes guían todas nuestras acciones. De nuestra mente, de nuestra fantasía arranca la ilusión que nos impulsa a arriesgadas empresas, algunas necesarias para la vida, otras, prisioneras del ego, inhumano camino de destrucción y muerte.

La propia mente, con su complejidad de instinto, intuición, emotividad e intelecto genera los impulsos que mueven todas nuestras acciones, desde las más primarias hasta las más sutiles y sublimes. Desde las que enfrentaban al cavernícola con una fiera aun a riesgo de perder la propia vida a cambio de obtener una buena provisión de proteínas con las que asegurar la nutrición propia y la de su grupo humano, hasta la de cruzar en solitario mares y océanos, estepas y desiertos sin mayor objetivo que el que conlleva contemplar la belleza de una flor o de un amanecer en pleno campo o el de un canto surgido del interior del alma. Todo en nuestra mente, compleja mezcla de genes y vivencias, tiende a motivar nuestras propias acciones.

Bien lo sabían ya los primitivos cazadores cuando pintaban las paredes de sus grutas en el rincón más profundo y oscuro con escenas de caza. Para ellos el animal comestible era sagrado, y su muerte el ritual necesario para la propia vida. Y contemplar la realidad a través de ese prisma, una manera necesaria de hacer acopio de valor y aun de fuerza en su cotidiana lucha por la subsistencia. Un modo de ensalzar al cruel destino a fin de construir mediante el pensamiento un universo de dignidad personal, de autoestima, de integración social, de aceptación del otro y por el otro, de amor y de calor humano, palabras éstas que actualmente a una buena parte de nuestra población occidental suenan extrañas.

Lo sabían también hace ya diez mil años los pueblos que vivían de cultivar la tierra cuando organizaban en fechas puntuales fiestas y ceremonias repletas de misterio con las que daban sentido al sufrimiento que conlleva el trabajo que imponía el autoritarismo que regía la estructura social del colectivo humano del cual formaban parte.

Como también en época reciente, de esa necesidad de construir un universo de esperanza en la propia mente, de un futuro mejor para su gente aunque ellos no lo vieran, han brotado del alma del negro esclavizado por la maldad del blanco esos cantos profundos, esos lamentos de dolor y autoafirmación. Y del pueblo gitano, esas segurillas y carceleras y canciones de fragua...

Para bien y para mal así lo han mantenido en su saber al correr de los siglos todos los pueblos y todas las culturas, tanto dominadores como dominados. Y durante siglos las religiones de creencias han cumplido la misión de mantener sumiso al pueblo bajo el poder del tirano de turno, fuese quien fuese. Hábiles conocedores del poder de la mente y de la fuerza de atracción que para los humanos tiene lo oculto, los magos oficiales del poder establecieron cultos y rituales supuestamente cargados de fuerza sobrenatural que atribuían a ese Dios terrible y mayestático que se inventaron para tener aterrado a todo el pueblo.

Avanzado el proceso de instrucción del pueblo analfabeto, cuando ya no se sostiene en pie la magia, otros procedimientos han venido a suplantar los viejos ritos dentro de un mismo paradigma religioso de ansia de protección contra la contingencia de la vida. Ya no bajan ahora de los púlpitos las antiguas promesas de dicha eterna para quienes someten su conducta a los mandatos de ese tirano Dios entronizado en lo alto del cielo, sino que la felicidad se ofrece ahora para el tiempo actual a cambio de adorar al dios Dinero, y esa promesa se propaga por doquier y nos alcanza dondequiera que estemos, ya sea por la vista o el oído o de forma sutil a través de la Codicia, de la Envidia o de la Vanidad inteligentemente manejadas.

No hay mayor esclavitud que aquella que se fragua en la propia mente, pero tampoco hay mayor impulso de libertad que el que de allí procede. De ahí que los estrategas del sistema tengan tanto cuidado en tener ocupado constantemente nuestro cerebro, ya sea con la imposición de supuestos necesarios saberes o con las distracciones más banales cargadas de mensajes subliminales con los que colonizan nuestras mentes y propagan su inhumano y  perverso pensamiento.

Tan sólo con una mente libre seremos libres. Tan sólo iluminando el corazón con la bondad y manteniendo libre nuestro propio pensamiento podremos mantener despierta el alma. Esos son los cimientos sobre los que se asienta todo proyecto humano. Ése ha de ser el fundamento de toda educación que se proponga humanizar la sociedad en que se desenvuelve.

¿Qué falta en nuestro sistema educativo para que un proyecto de tal orden pueda forjarse?

Tal vez podamos verlo en próximas sesiones. Seguiremos con ello. Hasta la próxima!

Kaosenlared.net  18.09.2004  

http://old.kaosenlared.net/noticia/universo-mental 

lunes, 13 de septiembre de 2004

Educar la Conciencia... o vivir sin ella

La vida es opción, y no vale «servir a dos señores» ni «encender una vela a Dios y otra al Diablo». Se vive con Conciencia o sin ella, y no hay más.


Que el ser humano es biológicamente teísta es algo que está fuera de toda duda. No se da en todo el mundo conocido en presente y pasado un sólo pueblo sin un universo mental de seres sobrehumanos, sin un entorno sagrado puerta de todo bien y todo mal, intocable so pena de desgracia personal y aun colectiva, que exige adoración y sumisión total y permanente. Magias y religiones han generado rituales y cultos a los dioses y entes que el colectivo en peso ha adorado. Rituales y cultos de obligado cumplimiento so pena de repudio, de exclusión social.

Y sigue siendo así. Ante el temor que genera la contingencia, el ser humano se protege con su imaginación creando dioses y poderes supremos para sí y su entorno que a cambio de obediencia fiel y adoración le guardan y protegen. Pensémoslo sino: ¿Quien no tiene en su vida un absoluto en quien confía ciegamente, a quien adora con devoción en cada instante, a quien entrega sus mayores esfuerzos, por quien lucha tenaz continuamente, a quien ofrece lo mejor de su vida, a quien ama con todo el corazón, por quien pelea siempre que conviene, a quien continuamente ofrece sacrificios, ante quien de rodillas se postra y se humilla sin límite incluso hasta más allá de lo que dignamente acepta su conciencia...? Pues ese es su Dios, su Protector, su Guía, el Supremo Valor que orienta y encauza sus acciones en cada uno y todos los momentos de su vida.

Y es que no hay duda. Es condición humana vivir postrado y adorar de rodillas, ya sea a un Dios Creador Fuente de Vida de Equidad de Justicia y de Misericordia, ya al Espíritu Maligno mediante la Ambición y la Codicia desmedidas de Éxito, Placer, Poder, Dinero, Seguridad, Confort...

Servir a la Verdad o a la Mentira, entronizar en nuestro corazón el Bien o el Mal es algo que define la persona que somos, la forma de vivir por la que optamos, el mundo que queremos y por el que apostamos, pues vivir es optar, y no valen de nada medias tintas ni andar con «una vela a Dios y otra al Diablo». Que se está con los pobres o con los ricos, pues que no hay nada más, ya que no es pobre quien sin tener dinero lo ambiciona. Que se pone en primer plano la Conciencia o se vive en el Fraude y el Engaño. Y no hay más.

Y no es un ente abstracto la Conciencia sino algo visceral. Un complejo sistema neuronal condicionado, con respuesta hormonal y mal de tripas cuando se falta a la Verdad o a la Justicia, o sana sensación de bienestar cuando con nuestro hacer servimos esos valores y los entronizamos. Un detector de dioses y de ídolos que hay que educar si se quiere que funcione. Que no baja del cielo ni se da gratis, como agua de lluvia, sino que hay que construirlo en la mente, en el intelecto y en el corazón conjuntamente desde temprana edad. Y que se tiene o no se tiene de por vida y se vive con ella o sin ella. Así de claro. No hay más.

Educar la conciencia no es cosa de dos días, ni de proclamas y panfletos ni de oír misa una vez o más a la semana. Educar la conciencia es la gran tarea de toda educación si no queremos que el mundo se nos ponga por montera. Instruir, hacer crecer la inteligencia y propiciar hábitos en pro de la salud y el bienestar de la persona y de la Humanidad entera, eso es la educación. Técnicos, ingenieros, profesores, mecánicos, abogados, curas, monjas, políticos o barrenderos..., no es la cuestión. En cualquier caso la cuestión, el fin supremo de toda educación es desvelar y ayudar a forjar conciencias, seres humanos libres y conscientes, responsables y constructores de la historia.

Y eso, por más que suene extraño, es posible. No gastaría yo mi tiempo en este tema si educar de ese modo fuese pura entelequia. Hay medios suficientes para hacerlo, basta sólo querer. Querer un mundo nuevo, justo y humano, al margen de intereses y prebendas, donde la fuerza del Espíritu camine por delante sin mentiras, ni engaños, ni felonías. Quererlo con el alma y luchar por ello, poniendo la Conciencia por delante. Apostar, y jugárselo todo a una carta, sin reservas ni engaños, que la vida es opción... Y no hay más.

kaosenlared.net   13.09.2004

http://old.kaosenlared.net/noticia/educar-conciencia-vivir-sin-ella

lunes, 6 de septiembre de 2004

No nos salva ni Dios si no cambiamos

¿Pero qué hay que cambiar...? ¿Para qué cambiar nada si vivimos tan bien, en las maquilas nos trabajan barato y nosotros vamos en coches cada vez más caros? «-¿Te gusta conducir?»


A este mundo en que estamos no lo salva ni Dios, porque difícilmente hallaríamos en él diez hombres justos que se lo mereciesen. Justos o bien dispuestos a que las cosas fuesen realmente de otro modo. Porque ¿hay alguien que de verdad quiera que las cosas sean de otro modo? ¿O es simplemente que los que estamos abajo queremos subir a lo más alto?

Remover un poco el entorno para seguir andando por el mismo camino pero esta vez siendo nosotros quienes vayamos sentados en una silla gestatoria a espaldas de los de abajo, estilo Papa. ¿Es eso pues lo que queremos? Pues si es sólo eso, no merece la pena lucha alguna porque seremos otros perros «en los mismos collares» defendiendo la casa del mismo amo. Irak, Afganistán, África, América del Sur seguirán donde están. Y seguirá la injusticia, seguirá la miseria y seguirá también la irreflexión que las sustenta, y el mundo no cambiará ni tan sólo de lado... Y seguirán sufriendo quienes ahora sufren y padecen. Lo único que pasará es que nosotros nos habremos montado un poco más en el carro.

¿Va bien así? ¿No? ¿No es eso de verdad lo que queremos? ¿Qué es pues lo que queremos? ¿Alguien quiere saberlo? ¿O a lo más que se aspira es a seguir viviendo?

Por todo lo que veo, está muy claro que a lo más que aspiramos es «a que no haya olas, pero no a esforzarnos para dejar de estar hundidos en la mierda hasta el cuello». Lejos queda ya el tiempo en que pensar era lo primero. Ahora lo primero es gozar, pasarlo bien, sin nadie que zarandee la poltrona o la balsa de mierda donde estamos instalados. A todo aquel que diga o haga algo que perturbe la paz hay que defenestrarlo, porque crucificar ya no se estila. Y da igual la razón, cuando lo que nos mola es el inmovilismo y la falsa pelea que lo disimula.

De modo que aquí estamos, refocilándonos con la miseria hasta concederle carta de naturaleza a todo lo que oprime y esclaviza, y así perpetuarlo. Y ahí tenemos, para empezar, un sistema educativo profesionalizado y más o menos competente en la transmisión de las habilidades y saberes que designa el sistema, pero cada día más acrítico y más adaptado al pensamiento utilitarista imperante, menos comprometido con la Humanidad y más dispuesto a aceptar que estamos viviendo en el mejor mundo de todos los posibles. Y para continuar, unos sindicatos bien organizados para encauzar la lucha obrera por los senderos que marcan los de arriba, los que mandan a quienes nos gobiernan; unos sindicatos que nadie sabe bien qué objetivos persiguen ya que se limitan a discutir cuatro pesetas a cambio de someterse al poder y olvidar cada vez más a los pobres y oprimidos. Y para distraernos de todo eso ahí está el buen vivir, y ese Forum de les Cultures para la convivencia, y el Parlament de les Religions para la paz, y cada vez más variedad de circos y distracciones que sustituyan al antiguo rezo del Rosario para irnos calmando y anularnos la conciencia. Y en paralelo los cacharros, los refulgentes coches, el fútbol y esos shows televisivos sobre el tema del día, ya sea la política, las olimpiadas, una boda real o cualquier exitoso Gran Hermano.

Si cerramos los ojos posiblemente diremos: -Vivimos bien, no sé qué más queremos...? Claro que siempre se puede estar mejor pero... Mira, las maquilas aun nos quedan muy lejos y aquí tenemos unos precios más o menos baratos. «¿Te gusta conducir...?»  Bueno, si acaso que nos cambien al Bush ese que ha sido un zafio y nos ha removido la conciencia... Pero que no nos toquen nada más, no sea que la gasolina se nos ponga más cara. Y además que cambiar algo de verdad es un esfuerzo, y ya tenemos bastante con esforzarnos para salir adelante con el pago de todo lo que compramos. Sólo nos faltaría ahora tener que esforzarnos en pensar...!

Y tal vez sea ése el sentir común. Pero yo me pregunto: ¿Es que de verdad alguien cree que la injusticia andará siempre lejos? ¿Que tenemos alguna posibilidad de evitarla mientras sigamos felices y contentos aceptando la forma de vivir que nos impone el sistema capitalista? ¿Se puede acaso pensar en mejorar el mundo si no empezamos antes por mejorar nuestra propia persona tomando conciencia de cuán injusta es nuestra forma de vivir? ¿Y es posible esa toma de conciencia, en nosotros y en nuestros hijos, sin una reflexión sistemática y continuada y sobretodo sin una educación pensada para ese fin? Si no nos esforzamos en construir conjuntamente mediante el diálogo, la reflexión y el esfuerzo un pensamiento y una moral que nos sostenga; si no somos capaces de construir siquiera en nuestra mente un mundo más humano, menos injusto y desigual, donde el vecino no sea un enemigo ni un objeto extraño sino un hermano, ¿podremos construirlo realmente en nuestro entorno?

Si todo queda ahí, en simple procurarnos mayores bienes, no es difícil para los dueños del sistema tener en el poder a sus lacayos, ya sea ése algún facha bigotudo y malcarado o bien un sonriente civilizado. En realidad es lo que exige nuestra forma de vivir en despilfarro: oprimir, depredar y ponernos siempre al lado del poderoso, de la forma que sea y sea éste quien sea.

Pero para evitar tanta injusticia es preciso cambiar, lo cual quiere decir poner en primer plano la conciencia. Y eso es muy difícil cuando se piensa sólo en comer, beber, gozar y perseguir fama y dinero, los grandes valores del mundo capitalista en que vivimos y que aun sin darnos cuenta todos y todas defendemos y fomentamos. Nuestra forma de vida es un puro adorar al Becerro de Oro, un impregnarnos la mente con su salvaje ideología encubierta de racional pragmatismo para un mayor bienestar... propio, evidentemente, al otro que lo zurzan. Y sobretodo un educar a quienes nos sucedan para seguir adelante con el sistema...

Lo dicho, que no nos salva ni Dios... si no cambiamos.

kaosenlared.net   06.09.2004

http://old.kaosenlared.net/noticia/no-nos-salva-ni-dios-si-no-cambiamos